Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
El criticón
El insidioso aguijón de la nostalgia

por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Miami Parte 1 / 2

No es frecuente que un escritor joven se estrene con un libro de admirable madurez. Algo que se hace aún más inusual si ese libro pertenece a un género tan difícil y estricto en sus reglas como lo es el cuento. In Cuba I Was a German Shepherd (Grove Press, New York, 2001) posee esas virtudes, y no es exagerado afirmar que con el mismo su autora, la cubano-americana Ana Menéndez, se incorpora a la nómina de los mejores narradores de la literatura hispana de Estados Unidos.

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Sorprende, en primer lugar, que a diferencia de otros escritores cubano-americanos, quienes en su inmensa mayoría prefieren la novela, Menéndez haya optado por la narrativa breve, mucho menos comercial, lo cual la sitúa más bien al lado de creadores como el dominicano Junot Díaz y la chicana Sandra Cisneros. Menéndez coincide con otros compatriotas suyos en las temáticas, pero su libro posee el acierto de aportar un tratamiento nuevo y fresco. Los once textos que lo integran se pueden leer como piezas independientes, pero a la vez se conectan e interrelacionan para trazar el retrato de las esperanzas, sueños y realidades de la comunidad cubana en la Florida. Sus personajes salieron en el éxodo provocado por la instauración del régimen castrista y se establecieron en Estados Unidos. En In Cuba I Was a German Shepherd se habla de sus esfuerzos para amoldarse a esa nueva vida, pero sobre todo se refleja su existencia diaria en un país extraño, al que llegaron con sus recuerdos y con la esperanza de poder regresar un día a su tierra. Mas pasaron los años, la esperanza se esfumó y hoy ven como día tras día el insidioso aguijón de la nostalgia los desgasta. Ana Menéndez, como comentó Stewart O´Nan, une los dos mundos separados de los personajes, el paraíso perdido de Cuba y el limbo de Miami, y lo hace con un humor apacible y redentor. Ello le da el tono agridulce y melancólico que recorre de principio a fin estas historias profundamente tristes.

En la narración que presta su título al libro, cuatro hombres –dos cubanos y dos dominicanos– se reúnen en la acera de un parque de la Calle Ocho para jugar dominó, mientras evocan unas glorias apócrifas. Pero para ellos lo que realmente importa no es ganar el juego, sino contar el mejor chiste.

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