Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
El criticón
María Irene Fornés: una trayectoria de ejemplar tenacidad

por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Miami Parte 1 / 2

Hace pocas semanas, la cubana María Irene Fornés recibió en Nueva York el Robert Shesley Award, que se concede a un dramaturgo por toda su trayectoria artística. No es el primer reconocimiento que se le otorga: en siete ocasiones ha ganado el codiciado Obie y varias de sus piezas las ha escrito con las becas que le han otorgado fundaciones tan prestigiosas como Guggenheim y Rockefeller y universidades como la de Yale. El reciente galardón brinda, no obstante, un magnífico pretexto periodístico para ocuparnos de una escritora que para muchos de sus compatriotas es una absoluta desconocida.

Irene Fornés

De María Irene Fornés sólo se llegó a publicar en Cuba una pieza, La viuda, que apareció en un volumen de cinco obras mencionadas en el Premio Casa de las Américas, 1961. Había emigrado en 1945 a Estados Unidos, cuya nacionalidad adoptó en 1951. Estudió pintura en Francia, lo cual le permitió trabajar después como diseñadora textil. A comienzo de los años sesenta empezó a escribir teatro y eso será el inicio de una carrera artística que los críticos norteamericanos coinciden en reconocer como una de las más innovadoras, brillantes e influyentes de las últimas décadas. Tony Kushner, el celebrado autor de Angels in America, no duda en situarla al nivel de David Mamet, Caryl Churcill y Heiner Müller. La novelista y ensayista Susan Sontag, que prologó un tomo con varias obras de María Irene, destaca la tenacidad ejemplar con que ha conducido su trayectoria y comenta que su teatro es indiscutiblemente bicultural, y recuerda las ingeniosas y sensuales fantasmagorías de escritores como Virgilio Piñera, Lydia Cabrera y Calvert Casey. Fornés fue una de las fundadoras del movimiento off-off-Broadway y contemporánea de figuras como San Shepard, Landford Wilson, Ellen Stewart, Tom O'Horgan, Terrence McNally, nombres fundamentales en la escena experimental y de vanguardia de Estados Unidos. Ella, por su parte, reconoce que pertenece a la tradición de Beckett, Jarry, Ionesco, Genet, influencias a las que hay que sumar las del cine y las artes plásticas.

María Irene Fornés ha comentado que cuando escribió su primera obra no sabía nada de teatro. Nunca había asistido a un ensayo ni conocía a ningún actor, dramaturgo o director. Pero la asistencia en París a una representación de Esperando a Godot la estimuló a escribir por primera vez. El texto cayó de manera casual en manos de Herbert Blau, un famoso director de San Francisco, quien se interesó por montarla. Fue así como se estrenó Tango Palace (1963), que hasta la fecha cuenta con catorce montajes. A partir de aquel exitoso debut, Fornés empezó a estrenar regularmente: The Succesful of Life of 3, Promenade, A Vietnamese Wedding, Dr. Kheal, Molly´s Dream, Cap-a-pie, Fefu and her friends, Lolita in the Garden, The Danube, Mud, The Conduct of Life, Lovers and Keepers, Abingdon Square, And of the Night, Terra Incognita, The Summer in Gossensas.

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