Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Cultura
En una balsa perpetua con un mapa de sal

Iván de la Nuez: una opción post nacional para la crítica a lo establecido
por JOAQUíN ORDOQUI GARCíA Parte 2 / 4

En estos momentos, cuando una parte importante de los ensayistas cubanos está enfrascada en la búsqueda (o rebúsqueda) de la identidad nacional a partir de sus raíces, tú sugieres la necesidad de rehacerla hacia el futuro. ¿Crees que hay poco para rescatar o, simplemente, que estamos ante un proceso de disolución de las entidades nacionales?

Vivimos una época muy paradójica, en la que coexisten grandes espacios de miseria y subdesarrollo (palabra olvidada) con un extraordinario despliegue de las nuevas tecnologías. Aunque muchos lo olvidan, esa paradoja no es el "pero" del sistema, sino su lógica. Lo mismo ocurre en las tensiones país-mundo: la estandarización global, por una parte, desmantela las entidades nacionales, pero al mismo tiempo ha causado respuestas extremas que van desde Afganistán hasta Serbia, pasando por Euskadi o Irlanda del Norte. El reto de nuestro pensamiento es, sencillamente, si tenemos algo que decir, y decirnos, en esa tensión de nuestra época entre lo grande y lo pequeño, entre el hogar y la intemperie, entre lo arraigado y lo volátil, entre lo doméstico y lo nómada. Desde la época en la que yo vivía en Cuba, ya había escrito, sin duda precariamente, las bases de mi crítica al nacionalismo cubano, y la tensión entre un discurso nación que es necesariamente sintético, y portador de una energía centrípeta (todo concurre hacia dentro de la nación) y una práctica revolucionaria que abre el campo de un mundo sin síntesis, con una energía centrífuga (abundante exilio, guerrillas, guerras en África, internacionalismo). Últimamente, sin embargo, ni siquiera intervengo en este tipo de polémicas, en la que está participando gente con mucho más interés y devoción. Las identidades nacionales parten de tradiciones, pero también de ficciones y, algo muy importante, de elecciones. La elección es uno de los actos más libres y humanos que existen. Y yo, conscientemente, he elegido una opción post nacional, que es a la vez una posición intelectual y un mandato vital. Dejo claro que el mío no es un proyecto para "hacer Patria", tampoco lo impongo a nadie; pero no admito que otros me impongan una identidad basada en una sustancia indeleble de la nacionalidad, y donde los intelectuales orgánicos de la derecha y los intelectuales orgánicos de la Revolución coinciden sospechosamente. Al respecto, tengo pruebas de un funcionario marxista en Cuba, algo obsesionado con atacarme, quien no ha tenido problemas en apoyarse en otro obsesivo derechista que hace lo mismo, y con los mismos argumentos patrióticos, en Madrid. Unos enarbolan la tacita de oro –también falsa– de los cincuenta. Otros se anclan en los sesenta y lo adecuan todo a esos tiempos llamados utópicos. Da igual. Además, los últimos diez años han dado un giro tal al mundo que me parece insólito buscar nuestra verdad última en los padres fundadores: se llamen José Martí o Jorge Mañach. Eso es mucho más virtual que Matrix, o como mínimo, tiene un rango ficticio tan importante como el de mis reflexiones. Es muy curioso que buena parte de la intelectualidad cubana está utilizando la tecnología de un modo fetichista, pero su lenguaje sigue siendo muy atrasado. Es posible que escriban con un PC de última generación, pero lo que escriben forma parte de nuestro pleistoceno. Repasemos un momento las revistas cubanas por Internet. La mayoría de ellas están en la red por el único hecho de que no pueden estar en papel, están hechas como si fueran revistas impresas que no tienen otro remedio que salir en la red por falta de presupuesto. Esto es nefasto, puesto que la red –tanto en sus textos como en sus imágenes– tiene un lenguaje autónomo que es distinto. Toda esta tecnología ha producido nuevas formas de literatura, música, asociación, economía, coleccionismo de arte, delitos no legislados, radicalismos, modas, piraterías, que constituyen un verdadero sistema cultural. Nosotros, en cambio, las utilizamos casi exclusivamente para hablar de Espejo de paciencia, de la Patria, la Causa o de las formas más tradicionales de la cultura. En este sentido, lo que a mí me interesa, con respecto a la nación o a cualquier otra cosa sobre la que escriba, es lo que me interesa con respecto al lenguaje. No se trata de escribir "sobre" el naufragio o sobre el agua, lo importante es establecer escrituras náufragas, escrituras líquidas.

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