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Al fin Cuba hizo la cruz. Luego de dos años sin llevarse un título en la arena internacional, una selección de béisbol de la Isla regresa a casa con la corona en las manos. Los antillanos ganaron, en condición de invictos, el ya tradicional torneo que organiza la ciudad holandesa de Rotterdam, para refrescar un poco el maltrecho horizonte del principal pasatiempo nacional. Según la prensa del patio, el zurdo Faustino Corrales maniató a la representación holandesa durante seis entradas y dos tercios, para que Cuba se llevara la victoria por pizarra de 7-2. Aunque le hicieron dos carreras, el pinareño logró salvar los escollos en el camino y apuntarse el éxito. El partido lo finalizó el estelarísimo José Ibar, quien lanzó de forma inmaculada los dos últimos innings, al punto de que ningún holandés le llegó a primera base. Ibar es uno de los lanzadores más consistentes de todos los tiempos en la pelota cubana, un hombre que hubiera podido triunfar en cualquier béisbol del mundo. Verdaderamente el torneo de la ciudad portuaria no es nada del otro viernes. A la cita concurrieron selecciones de Italia, China Taipei, Estados Unidos, Cuba y el país sede. Ninguno de los conjuntos fueron los principales. Los norteamericanos, por ejemplo, asistieron con los Monarchs de Michigan, un equipo universitario. Sin embargo, lo realmente importante es que Cuba asistió con un grupo de peloteros donde sobresale la juventud. Es cierto que Corrales e Ibar son dos veteranos de probada valía, pero en Rotterdam se escucharon otros nombres que son el casi seguro relevo de quienes hoy visten la franela nacional. El inicialista Ariel Borrero, el jardinero Osmany Urrutia –hermano, por cierto, del excelente Ermidelio– y el receptor Rolando Meriño, sobresalieron con la estaca en la mano. También se destacaron el probado Yobal Dueñas, quien fue el segundo en average con 412, mientras que Giorvis Duvergel (324) y Michel Enríquez (316) se ubicaron como tercero y cuarto en la lista de los mejores bateadores.
El fútbol cubano quiere volar |
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