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La noticia de la sustitución de Alcides Sagarra como director técnico de la escuadra de boxeo cubana estremeció los corrillos deportivos de la isla. Por más de 30 años, el experimentado entrenador estableció su cátedra en el pugilismo, exhibiendo una hoja de servicios que lo confirma como el mayor creador de campeones olímpicos y mundiales en toda la historia de la disciplina.
Desde su cuartel general en las afueras de la Habana, la famosa finca El Wajay, Sagarra fue articulando su particular visión del boxeo: técnica depurada, habilidad de manos y rapidez de piernas, todo llevado a un grado de perfección, que los especialistas denominaron escuela cubana de boxeo. A la preparación física para desarrollar la resistencia de los entrenadores rusos, el profesor unió la maldad criolla, el baile en el cuadrilátero que tanto desconcertó a los rivales. En la historia del boxeo amateur ninguna selección ha cosechado tantos éxitos como la cubana. Desde Munich 72 hasta Sidney 2000, los púgiles de la isla se colgaron al cuello el mayor número de medallas, por no hablar de los torneos continentales y caribeños, donde muchos combates terminaban antes del limite, por la superioridad técnica o simplemente a base de golpes demoledores. Dos picos tiene la obra de Sagarra: Teófilo Stevenson y Félix Savón. Junto con el húngaro Lazlo Papp, son los únicos peleadores del planeta que pueden jactarse de tener tres títulos en Juegos Olímpicos. Estos dos gigantes representan el boxeador ideal para cualquier entrenador, puesto que a pesar de ser supercompletos y de poseer una pegada aterradora, hacían gala de un velocidad inusual para atletas de su peso. Los pedidos para que Sagarra dictara conferencias y expusiera sus métodos llegaban de todas partes. Entrenadores de las cuatro esquinas del mundo volaban a La Habana en busca de este gurú del pugilismo, mientras que otras escuadras trataban de imitar al máximo a la escuela cubana. Los directores principales de las selecciones de Tailandia y Argentina, por ejemplo, eran de la isla. Estos países mejoraron innegablemente sus actuaciones en la arena internacional. Los asiáticos, incluso, coronaron a su primer campeón olímpico en Sidney; los argentinos reinan en el área sudamericana. Todavía decenas de preparadores cubanos imparten su magisterio en más de una veintena de naciones. Sin embargo, el legado de Alcides Sagarra no esta exento de sombras. Mucho se ha hablado de su férrea disciplina, rayana en el extremismo, para con sus pupilos. Tras los muros de su finca, los atletas tenían que pagar con sobreentrenamientos el deseo de convertirse en campeones. Un colega que durante años siguió el boxeo afirmaba que "Alcides estableció una verdadera tiranía. Todos le temían porque tenía un respaldo gubernamental ilimitado". Después de la retirada del mundial de Houston por la supuesta actuación parcial de los árbitros en contra de Cuba, Fidel Castro comparó a Sagarra con Antonio Maceo, el legendario titán de las guerras independentistas del siglo XIX, y lo colmó de honores. No podía ser de otro modo, Sagarra ha sido el mayor proveedor de puntos para la isla en los certámenes deportivos donde se compite en más de una disciplina.
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