Viernes, 18 enero 2002 Año III. Edición 283 IMAGENES PORTADA
Sociedad
Despistes

Andar con pies de plomo so pena de caer en desgracia: una divisa permanente para la prensa oficial.
por MIGUEL RIVERO Parte 1 / 2

El 12 de enero fue uno de esos días que marcan el despiste de algunos comentaristas de la prensa oficial cubana.

En Granma apareció la declaración del Gobierno de la República de Cuba sobre la situación que atraviesa la República Argentina, de sobra conocida por todos y ampliamente comentada en estas páginas.

"Cuba expresa su confianza en que el pueblo argentino pueda superar la difícil situación en la que hoy se encuentra y su simpatía y apoyo a todas aquellas decisiones del Gobierno argentino que efectivamente conduzcan a la defensa irrestricta de los intereses nacionales", decía la nota oficial.

Ese mismo día, en la edición digital del semanario Juventud Rebelde, Darío L. Machado publicaba un artículo bajo el título Otra vez los gases lacrimógenos, en referencia a las medidas adoptadas "por el Gobierno del presidente de facto, Eduardo Duhalde". "La medida afecta de manera particular al pueblo, que no ha dejado de manifestarse todos estos días, desde que comenzó el desfile de presidentes... Pero no es todo. La gente sale con bronca, harta de recibir golpes y más golpes, promesas y más promesas. El blanco de las protestas populares son la Casa de Gobierno, el Congreso Nacional y los bancos; el pueblo identifica con claridad meridiana quiénes son sus verdugos".

Al día siguiente, el artículo de Machado desaparecía de las ofertas de la columnas de opinión de Juventud Rebelde en Internet. Es lógico pensar que nunca apareció en la edición de papel de ese domingo, 13 de enero.

Lo interesante del artículo es que Machado no es un periodista cualquiera. Durante muchos años fue el responsable del Departamento del Comité Central del Partido Comunistas de Cuba encargado de sondear a la opinión pública. ¿Andará todavía como funcionario vitalicio del PCC?

También era el encargado de recopilar las opiniones de los militantes del PCC, para trasladarlas a las "instancias superiores".

Por cierto, que este proceso dentro del PCC seguía un curioso camino. En el municipio se reunían los núcleos y eran recogidas en actas las diferentes opiniones. Pero, antes de ser enviado un resumen al Comité Provincial, los dirigentes municipales se encargaban de eliminar las que pusieran en causa aspectos esenciales de la gestión. Lógicamente, lo mismo hacían en la provincia.

En el Comité Central, José Ramón Machado Ventura se encargaba de darle los toques finales, porque es de sobra conocido que al Comandante en Jefe no le gusta recibir malas noticias.

Nadie puede negar que el autor del artículo de Juventud Rebelde sobre Argentina, Darío Machado, es un experto en esa tarea complicada y peligrosa de cómo moverse en las altas esferas del poder. Por eso, llama la atención el despiste. ¿Cómo fue posible que perdiera las señas del pitcher en un asunto tan delicado de política exterior, que hasta mereció una Declaración del Gobierno?

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