| El gen de la disidencia |
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| Una breve mirada a la ciencia y la sociedad, por el Presidente del Colegio Médico Independiente de Santiago de Cuba. |
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| por LEO A. JIMéNEZ |
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Recientemente, y enhorabuena para la humanidad, se realizó la presentación gráfica del genoma humano, un descubrimiento aún incompleto y polémico que abre una etapa cualitativamente superior en el estudio del hombre.
La publicación del genoma humano (mapa completo de los genes), es ya considerada como uno de los grandes descubrimientos del nuevo siglo y constituye un arma primordial de relevante importancia en la medicina moderna.
Son varios los países donde los científicos han dedicado abundante tiempo a este descubrimiento colosal.
Es conocido que cuando el ser humano nace, ya trae una herencia genética que contiene todos los rasgos que lo definirán como un individuo irrepetible y singular: color de los ojos, del pelo, predisposición a sufrir enfermedades, transmitidas por sus progenitores a través de los genes, es decir, en un futuro no muy lejano ya se podrá conocer si los individuos vienen marcados con alguna tara o enfermedad.
Hasta ahora, según estudios publicados, se han descubierto más de 31 000 genes en el cuerpo humano, pero ninguno indica si una persona puede llegar a ser "un disidente", aun cuando sus progenitores hayan aportado a su herencia ideas de las llamadas revolucionarias, ni si al recién nacido le pudiera servir de algo una férrea formación ideológica.
El camino abierto es grandioso. En esta rama de la ciencia hay gran optimismo. En ningún momento nadie podría adueñarse de la llamada propiedad intelectual ni de las ideas del ser humano, aunque fueran contestatarias. Su pensamiento sería libre.
El disidente gana espacio, no por sus genes sino por su acción contra los gobiernos totalitarios y dictatoriales de algunas naciones, a la hora de combatirlos.
El descubrimiento del genoma humano trae grandes esperanzas y también algún peligro, pero no para el disidente. Las ideas de justicia, democracia, libre expresión y derechos humanos no podrán estar bajo llave en un laboratorio ni manipularse al antojo de un gobierno nefasto.
El genoma humano puede cambiar de forma radical el panorama de salud de la humanidad en corto tiempo. Pero un régimen no puede cambiar la disidencia fácilmente después que nace, crece y se desarrolla, pues su genoma no podrá ser descubierto jamás por científico alguno. No se ha inventado todavía una medicina contra ese proceder social del cual Cuba no escapa por su política totalitaria y estática desde hace más de cuatro décadas.
Ser disidente no es una enfermedad. Es una necesidad social de nuestros tiempos ya imposible de borrar de la historia del pueblo cubano donde estos grupos de personas han ganado un espacio que no se debe perder.

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