Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
Sociedad
Socialistas y socialdemócratas

Si en el pasado siglo la izquierda fue desvirtuada por el ascenso del comunismo, ya es hora de que juegue su papel político desde el respeto a la libertad individual
por MANUEL CUESTA MORúA Parte 1 / 2

En enero del 2002, la Corriente Socialista Democrática Cubana tendrá diez años de creada. Algunos años cumplirán también, en varios casos muchos más, la Coordinadora Socialdemócrata, Cambio Cubano y el Partido Social Revolucionario. Unas propuestas políticas que nacen reuniendo sensibilidades socialdemócratas dispersas –bueno es decir que no sólo socialdemócratas– y bebiendo en una antigua tradición de socialismo liberal que funda en el siglo XIX Diego Vicente Tejera: un poeta social, amigo de José Martí, el creador de nuestra mejor república teórica.

Estoy afirmando con esto último, e indirectamente, que la primera propuesta política que combina la agenda social con la agenda democrática surge casi en el mismo instante en que la socialdemocracia europea comienza a corregir la técnica política que ofrecía Marx para actualizar las exigencias del movimiento obrero.

Pero nuestra dinámica histórica, sería mejor decir nuestra antropología histórica, no fue capaz de asimilar lo que algún teórico cubano llamó el "socialismo dulce", fundamentalmente reformista, de finales de ese siglo industrial que fue el XIX. Lo que explica que nuestras izquierdas posteriores fueran algo más que violentas y que predominaran mentalidades poco abiertas al diálogo y a la negociación: dos técnicas políticas connaturales al ejercicio parlamentario.

El siglo XX es por ello el del triunfo de la izquierda radical, fragmentada y enfrentada, pero cohesionada en su negación de las fórmulas políticas transigentes.

El ascenso de las ideas comunistas implicó de este modo la dispersión de un proyecto socialdemócrata ideológicamente vertebrado. La idea del socialismo como propuesta de transacción, que permitiera edificar la equidad social estimulando las libertades y controlando el caos creativo al que se refería Schumpeter cuando hablaba del capitalismo, es desplazada por una idea del socialismo como estación de parada, no precisamente por diez minutos, para proseguir hacia la construcción del comunismo, con el consiguiente sacrificio de la libertad y de la gallina de los huevos de oro.

Los acontecimientos de fines del siglo pasado abren la posibilidad de articular, esta vez en serio, un proyecto que nuestras circunstancias históricas permiten, obligan y legitiman en el pasado, pero que nuestro contexto actual vertebra en diversos escenarios.

Esa es una buena razón para entender por qué hoy la izquierda política está agrupada básica, aunque no únicamente, en los cuatro proyectos que he mencionado al inicio de este artículo.

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