Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
Sociedad
Ciudadanos mutantes

Cuba, socialismo o muerte: el imprescindible ejercicio de cambiar de piel.
por MORAIMA PIRES  

Tengo la certeza que la posteridad me convertirá, si no en un gran investigadora, al menos en una curiosa irreductible.

Este reconocimiento científico no lo recibiré por elaborar una nueva teoría acerca de los cambios colorimétricos del aura humana y su relación con las enfermedades corporales, si aumenta o disminuye la capa de ozono que nos protege de las radiaciones ultravioletas o por apoyar o negar la existencia de especies racionales altamente desarrolladas en los confines del universo.

Mutación, en biología, significa variación brusca en el número y naturaleza de los cromosomas de las células germinales o de los genes, lo que ha permitido –según Hugo de Vries– diferenciar los ejemplares de una misma especie. Se han reportado mutaciones naturales, factoriales, inducidas y paleontológicas, pero ninguna se acerca a las observadas por mí en el cubano medio cuando se le aproxima un estímulo externo. Éstas, en cuerpo y mente, son verdaderamente sorprendentes.

Tomemos como ejemplo a un cubano al que llamaremos Ajax. Es un técnico medio. Tiene 35 años. Nunca ha destacado en nada. Es casado, modesto y algo tímido, pero sabe cómo sobrevivir en las peores condiciones. Sale de su casa en dirección al trabajo. Se le aproxima el responsable de vigilancia de su cuadra. Cuando el cederista está a menos de un metro de él, le pregunta por qué no asistió a la guardia del CDR anoche. El hombre siente como le baja la temperatura. Suda copiosamente. La carne se le pone de gallina. No puede perder su imagen de revolucionario, reflexiona y busca algo que lo justifique. Comienza a hablar. El otro le escucha sin darle demasiado crédito. Sonríe asintiendo. Las piernas y manos de Ajax desaparecen como por encanto. Cae al piso y repta. Se transformó en un reptil de los más comunes.

Seguimos a nuestro personaje. Llega a su centro de trabajo con 20 minutos de retraso. Su jefe, con cara de pocos amigos, le espera frente al libro de asistencia. El superior inicia el ataque. Lo cataloga de comodón e indisciplinado. La única razón por la que no toma medidas es que tiene pocos técnicos reparadores. Ajax balbucea algunas frases y siente como se le estira el cuello y le crecen las piernas. Su cuerpo adquiere la forma de una elipse y comienzan a salirle plumas. Promete mejorar. Sabe que sólo le salvará el servilismo. El director se siente satisfecho. Nuestro hombre respira profundo y se mira en un espejo. Se convirtió en un pavo. Sabe que este cambio es peligroso. De mantenerse así puede ser cazado y devorado por varios comensales hambrientos.

Termina la faena del día. Regresa a casa. No tuvo presión laboral. Los tres equipos que debió reparar se los pasó a su colega, José. Le hizo el mismo cuento de su suegra enferma y la mala noche que pasó. Se ríe a carcajadas hasta llorar. Su cuerpo vibra una vez más, se estira y endurece. Alcanza la forma y tamaño de un gran lagarto. De ahí sus falsas lágrimas de cocodrilo.

Llega al hogar y lo intercepta Joaquín, el vecino de los bajos. Uno que cumplió 25 años en las cárceles por soñar que iba a agredir a un conocido dirigente y contárselo a un amigo. Se consideró un delito político. Como de costumbre, Joaquín despotricó contra el Gobierno. Ajax lo escuchó pacientemente. Cuando el otro terminó, comenzó él. Señaló los errores de la administración, las histórica escasez alimenticia y de vestuario, las falsas esperanzas gubernamentales y los deseos que tiene de abandonar el país. Se observó las manos de soslayo. Ya no estaban allí. En su lugar tenía cuatro patas. Se había convertido en una hiena que reía sin motivos aparentes.

El caso no constituye una excepción. Es el resultado de la doble moral adoptada por la inmensa mayoría del pueblo en aras de subsistir sin dejar rastros indeseados. Los cubanos somos especies mutantes por excelencia. Las apariencias reflejadas aquí  representan modelos virtuales de lo que en realidad pasa por la mente de cada uno de nosotros. Los cambios se producen instantáneamente. En dependencia de las situaciones.


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