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Meridiano Ginebra y Girón: 40 años después Una vez más la Comisión de Derechos Humanos aprueba una resolución condenando las prácticas violatorias de los derechos humanos en Cuba. De nuevo la votación fue cerrada: 22 a favor, 20 en contra, 10 abstenciones, 1 ausente. Quizás la única novedad del asunto consiste en que todo el jaleo con respecto a la iniciativa de la República Checa llega en los momentos en que se recuerda y conmemora los sucesos que tuvieron lugar hace cuarenta años en Bahía de Cochinos o Playa Girón.
En un contexto nacional y mundial totalmente distinto al de 1961, un Castro muy avejentado ha decidido confirmar el carácter socialista de su revolución. Como siempre, un grupo de seguidores, entre forzados y sinceros, juró con el comandante que el país seguirá por los rumbos político-económicos que él trace. En medio del fervor desatado en estos días, la noticia proveniente de Ginebra, Suiza, tiene que haber caído muy mal en los círculos del buró político del único partido autorizado en Cuba. El hecho de que una república ex socialista sea la promotora de la censura a Castro adquiere relieves especiales. Los antiguos camaradas de los sesenta ya no están en el poder. Los que fueron disidentes vilipendiados rigen los destinos de Praga. Resulta pues, paradójico, hablar de victoria de Girón en medio de las ruinas dejadas por el derrumbe de la Unión Soviética y del consiguiente Período Especial. Asimismo, los desafíos planteados a Castro ya no son estrictamente militares. Desde el interior del archipiélago los opositores no gestan ni planes de atentado, ni movimientos guerrilleros, ni sabotajes. Aspiran, más bien, a tratar de persuadirlo de que el pluralismo y el respeto a todos los derechos humanos contienen la clave para la subsistencia de la nación. Ninguno de los planes fabricados por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos ha podido sacudir los cimientos del castrismo mejor que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que entró en vigor once años antes de que Castro entrara triunfalmente a La Habana. Muchos presidentes norteamericanos han pasado por la Casa Blanca desde que Dwight Eisenhower y sus asesores prepararon las bases para la invasión de 1961. Ni uno solo de ellos imaginó jamás que un documento de treinta puntos que defiende los derechos civiles, económicos y políticos de los ciudadanos del mundo, podría afectar más a Castro que las políticas sobre Cuba trazadas por cada uno de ellos. El canciller Pérez Roque afirma que la de Ginebra fue una "victoria moral, colosal". Despojando esta declaración de su entorno oficialista, todos los que sufrimos los embates del socialismo en el poder podríamos afirmar que, en efecto, ganamos en Suiza un poco de alivio al saber que al menos hay 22 Estados en el planeta que invitan a Castro a convertir en realidad su respaldo verbal a los ideales democráticos. De Latinoamérica salieron votos de abstención, a favor y en contra de Castro. No sorprende, ya se sabe que el continente vive en medio de serias contradicciones y retrocesos en la vía hacia el progreso social, económico y político. La región no se comporta como un frente monolítico en pro del comandante. Y ésta es una noticia muy buena y deseable. Sólo el militar Hugo Chávez se alineó, como era de esperar, con su mentor. Ahora hay que preocuparse, más de lo habitual, por la suerte de los activistas políticos. Nunca se sabe cómo Fidel Castro va a canalizar su entusiasmo por la "victoria moral, colosal" obtenida en Ginebra. Las pocas agencias de prensa independientes que operan en la Isla nos lo harán saber en las próximas semanas. La solidaridad con los disidentes tiene que estar muy alerta. Ni el Gobierno ni el partido único tomarán medida alguna para conseguir una mejor resolución en el año 2002. No les importa el criterio de ciertas opiniones públicas. Por supuesto, el enemigo mayor seguirá siendo Estados Unidos. Todos los anticastristas seremos lacayos del imperio del Norte. En realidad, a Castro le interesa poco demostrar cómo es posible que naciones menores no hayan seguido los designios de Washington en Suiza. Cuarenta años después el régimen ha sido dura y públicamente cuestionado. El llamado socialismo tiene que pasar por la prueba de los derechos humanos. Ésa es la verdadera victoria de hoy y de siempre para todos los cubanos. URL: http://arch.cubaencuentro.com/meridiano/2001/04/24/2060.html |
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