c u b a e n c u e n t r o . c o m
Encuentro en la red - Diario independiente de asuntos cubanos
Año I. Edición 3. Miércoles, 06 diciembre 2000


 

La mirada

Vietnam y Cuba
MARIFELI PéREZ-STABLE, New York

Por fin Bill Clinton fue a Vietnam. Su visita cerró definitivamente el libro de la guerra y abonó el de la paz que se viene germinando hace años. No pocos han comentado que Estados Unidos perdió la guerra pero venció en la paz.

La primera parte es indudablemente cierta: en 1975, luego de 58,000 vidas norteamericanas perdidas y más de dos millones de víctimas vietnamitas, la nación más poderosa del planeta fue derrotada en el sudeste asiático. La segunda no es del todo exacta: más puntual sería decir que ambos, Vietnam y Estados Unidos, hicieron posible la paz. A diferencia de la derrota bélica (o la victoria, si de Vietnam se trata), la fecha de la paz no es fácil de precisar.

Sí está claro el aporte vietnamita a la distensión que culminó con el viaje reciente del presidente Clinton. A mediados de los 80, Vietnam inició un programa de profundas reformas económicas que le ha traído beneficios sustanciales. Si bien el ciudadano promedio vive austeramente, el estándar de vida ha mejorado de forma notable. A fines de la década comenzaron a fluir inversiones extranjeras que llegaron a un tope de 8,3 mil millones de dólares en 1996.

En 1994 los Estados Unidos levantaron el embargo a Vietnam, abriéndole paso a inversionistas de más de 400 empresas norteamericanas. Hasta mediados de los 90, la economía vietnamita creció un promedio de 9-10 por ciento al año. La desintegración de la Unión Soviética representó una merma ligera y temporal de unos 4-5 puntos, es decir, un crecimiento de 5-6 por ciento durante el año y medio después de 1991.

Es cierto que a partir de 1996 la política económica de Hanoi ha zigzagueado y que la economía no muestra la exuberancia de principios de la década. La crisis de la economía regional desatada en 1997, sin duda, afectó el ritmo vietnamita. Igualmente determinante, sin embargo, ha sido la resistencia de los conservadores en Hanoi de seguir cediendo terreno a los reformistas por temor a perder el control político. No obstante, Vietnam y EEUU se encaminan hacia un tratado de libre comercio que reforzará la reestructuración económica y precipitará una nueva ronda de reformas. El Banco Mundial estima que en pocos años Vietnam logrará un ingreso adicional de 1,5 mil millones de dólares anuales en concepto de nuevas exportaciones.

Vietnam, claro, está gobernado por un solo partido, el comunista, que nada tiene que ver con las teorías de Locke y Montesquieu. La alternancia en el poder mediante elecciones libres y competitivas y el respeto a las libertades civiles no se vislumbran en el horizonte político vietnamita. Así y todo y sin caer en el facilismo de que las reformas económicas son el deus ex machina de la democracia, resalto algunos fenómenos notables.

Importantes sectores de la elite política han fijado sus miras hacia adelante. Si bien el pasado —la guerra americana como se le llama en Vietnam— pesa en el universo ideológico de los más viejos y/o más conservadores, para el resto no es así. No es inusual que funcionarios vietnamitas respondan a preguntas sobre el legado de la guerra diciendo que eso ya pasó y que ahora el reto es lograr que, dentro de cuatro o cinco décadas, los vietnamitas disfruten de un nivel de vida como el de los japoneses hoy. Incluso los guardianes ideológicos demuestran cierta creatividad al considerar que la figura del líder de Vietnam del Sur Ngo Dinh Diem debería pasar al panteón nacionalista. A principios de los 60, Diem se negó a permitir la entrada de tropas de EE UU en la contienda con el Frente de Liberación Nacional (Viet Cong) que entonces se agudizaba. Sólo después de su asesinato —y el del presidente Kennedy— en 1963 se dieron las condiciones para la fatídica escalada.

En 1995, Vietnam firmó un acuerdo de cooperación económica con la Unión Europea pese a que incluía cláusulas referentes a la liberación de presos políticos y la modificación del código penal. En 1997, tres candidatos independientes lograron escaños en la Asamblea Nacional: un ex oficial del ejército sudvietnamita —hoy un prestigioso médico— un abogado y un obispo católico. Hace meses que unos 100 manifestantes campesinos expresan su descontento con pancartas y tiendas de campaña levantadas a lo largo de un trecho de la avenida principal de Ciudad Ho Chi Minh —tercamente conocida por su antiguo nombre, Saigon. Fueron desplazados de sus tierras y allí se han plantado en protesta. La policía los vigila pero no se mete con ellos. Lógicamente está prohibido tomar fotos: un letrero en inglés reza: "No camera picture".

Este esbozo tiene una evidente lectura cubana. No se trata de idealizar a Vietnam sino de aquilatarlo con los pies en la tierra. Sí se trata de contemplar un escenario de cambios posibles en la Cuba de principios de los 90 sin que éste representara un tránsito súbito al capitalismo y a la democracia. Ese escenario hubiera requerido que la dirigencia cubana reconociera ciertas realidades.

La primera es admitir su parte en el mejoramiento de las relaciones con los Estados Unidos. ¡Cuán diferente hubiera transcurrido la década si en sus primeros momentos el Partido Comunista de Cuba hubiera abrazado un programa coherente de reformas económicas y avalado la inclusión simbólica de la oposición! Estos pasos eran, en primerísimo lugar, una exigencia cubana pero, además, hubieran entorpecido las leyes Torricelli y Helms-Burton y abierto la puerta a relaciones menos tensas con los Estados Unidos y el exilio cubano. A diferencia de Hanoi, La Habana no se abre al mundo excepto en sus propios términos y por eso no firmó el acuerdo de cooperación económica que la Unión Europea le ofreciera poco tiempo después de que Vietnam firmara el suyo y colaboró con Jesse Helms en la aprobación de su proyecto de ley al derribar las avionetas de Hermanos al Rescate en febrero de 1996.

La segunda es reconocer la responsabilidad cubana por el descalabro económico de los 90. Vietnam, después de todo, también dependía de la Unión Soviética y estaba más fuertemente bloqueada por Occidente a raíz de su invasión a Camboya en 1979. Pese a ello, los vietnamitas hicieron los cambios que tenían que hacer y éstos les permitieron enfrentarse exitosamente al mundo de los 90. En 1991, fue bochornoso el discurso de Fidel Castro ante el congreso del partido cuando declamó una larga lista de suministros que faltaban por la caída de la Unión Soviética. Más bochornoso aún fue el hecho de que al gobernante cubano no le diera ninguna vergüenza semejante cantaleta. ¿Quién sino él era el máximo responsable de esa vulnerabilidad extrema del país a una potencia extranjera?

La tercera y última es una reiteración de las dos primeras. Quizás la diferencia fundamental entre Vietnam y Cuba sea la madurez de los líderes vietnamitas. No son demócratas y no quieren ceder el poder: hacen lo que deben dentro de esos parámetros. Tienen, sin duda, la ventaja de que Ho Chi Minh murió en 1969 y ganaron la guerra sin él. La paz la han ido labrando colectivamente con cautela y vacilaciones, pero también con determinación. Por su parte, los líderes cubanos se jactan de una guapería política francamente adolescente y de ser víctimas del imperialismo yanqui, del desmoronamiento de la Unión Soviética y de la "mafia" de Miami.

Concluyo con dos confesiones. Una es que al ver al Vietnam de hoy me siento en paz con la joven universitaria que era a fines de los 60 cuando me opuse a la guerra. Todavía no es el país que debe ser, pero lo será. La otra es que viendo a Vietnam me sobrecoge una profunda tristeza por Cuba. ¿Puede caber duda de que otro sería su porvenir si a principios de los 90 la dirigencia cubana hubiera hecho lo que debía? No sólo el cubano promedio viviría mejor de lo que vive hoy, sino además la política —la interna y la de las relaciones con los Estados Unidos— sería más interesante, compleja y portadora de futuro.

URL: http://arch.cubaencuentro.com/lamirada/2000/12/06/271.htm.html

 

(c) 1996-2003
Asoc. Encuentro de la Cultura Cubana
http://www.cubaencuentro.com
E-Mail: enlared@encuentro.net