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Cultura El regreso de los académicos
En 1947, el prestigioso Museo Smithsonian de Estados Unidos calificó una exhibición de los pintores cubanos Silvia Fernández Arrojo y Oscar García Rivera como una de las más importantes que realizaba en cuatro décadas. Pocos años después, con el triunfo de Fidel Castro, los nombres de Fernández Arrojo y García Rivera —cronista de un fusilamiento "revolucionario" y del éxodo infantil denominado Operación Pedro Pan— desaparecieron de la enseñanza y los libros de la historia del arte cubano. Fue la dramática suerte de los maestros de la pintura académica nacional. Roberto Ramos —buscavidas, joyero, fotógrafo, comerciante y amante del arte— está reivindicando, con su trabajo paciente y laborioso, 40 años de injusto olvido de la academia cubana. Ramos, de 38 años, un balsero que llegó a Miami en 1992 trayendo consigo 14 obras de arte escondidas en el techo de un barco, tiene hoy más de 120 piezas de los académicos, que cubren el período de 1902 hasta inicios de los 60. Una vez en Miami, donde se ganó la vida como joyero, comerciante de arte y en un negocio de equipos médicos, Ramos se percató que los coleccionistas estaban obsesionados con una época: la vanguardia. "Empecé a comprar libros sobre la República, a coleccionarlos, vi que durante más de 50 años se había desvalorizado la pintura republicana, y comencé a comprar las obras en silencio durante muchos años", recordó Ramos. En 1998 abrió la sede de la Cuban Masters Collection, donde se restauraron numerosas piezas rescatadas en sus viajes a Cuba, México y hasta Suiza, a donde viajó para recuperar Idilio, un cuadro de Antonio Rodríguez Morey (1872-1967), fundador del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba en 1916. En su colección, Ramos tiene cuadros de Leopoldo Romañach, Domingo Ramos y Armando García Menocal —acaso los únicos académicos conocidos hoy en la Isla, con obras en Bellas Artes—, pero también de olvidados como Emilio Rivero Merlín (1890-1977), primer artista negro graduado de una academia de arte en América. Fue profesor de la Escuela Elemental de Artes Plásticas anexa a la Academia de San Alejandro, estudió en escuelas de arte en Italia y España, y vivió durante muchos años en México, donde retrató a numerosas personalidades del Gobierno y recibió varios premios. Dos mujeres resaltan en el grupo de los académicos: Fernández Arrojo (1918-1981), el expediente de más alta calificación de San Alejandro, donde luego fue profesora, y Concepción Ferrant Gómez, también profesora de la academia cubana, quien expuso en el extranjero. Los académicos —Ramos tiene obras de unos 40— sufrieron no sólo el embate de la impetuosa vanguardia de la plástica cubana, sino también del dogmatismo de la cultura oficial. A diferencia de sus coetáneos latinoamericanos, reivindicados por el mercado del arte y por el interés de los coleccionistas de sus países, los cubanos quedaron a merced del desprecio de las instituciones culturales. Aun entrados los años 80, para la actividad mercantil que comenzó a florecer bajo el amparo del Fondo Cubano de Bienes Culturales los cuadros de los académicos eran considerados pura fiambre, anacronismos desempolvados. "En Cuba no se puede hablar de un pasado capitalista glorioso, esa es la razón por la que en más de 40 años no se ha publicado un solo libro de la pintura académica cubana. No se considera patrimonio nacional, las obras [de los académicos] están saliendo a diferentes países todos los días, van a parar a manos de muchos extranjeros que no las van a apreciar. Al menos yo las he comprado para recuperar la historia", señaló Ramos.
Durante sus viajes a Cuba, Ramos encontró obras de arte en los lugares más increíbles: en una visita a la familia de Antonio Sánchez Araújo (1887-1946), su hermana le vendió uno de los cuadros más conocidos del pintor, Martí con los tabaqueros de Tampa, que estuvo guardado durante décadas detrás de un escaparate, irreconocible por el polvo y la humedad. En el local de Cuban Masters Collection puede verse El triunfo de Finlay, un óleo de grandes dimensiones pintado en 1944 por Esteban Valderrama (1892-1964), quien llegó a ser director de San Alejandro. El cuadro estuvo colgado en el Palacio Presidencial de La Habana hasta el triunfo de Castro. Los interventores ordenaron picarlo en tres partes, pero afortunadamente la persona encargada de cumplir la orden la desobedeció, salvando la pieza. La restauración duró tres meses y costó unos 12.000 dólares, según Ramos. El cuadro está valorado actualmente en unos 600.000 dólares. No sólo las obras fueron objeto de represalias, sino también algunos pintores como García Rivera, el costumbrista por excelencia del siglo XX cubano, un artista prolífico que documentó numerosas facetas de la vida nacional: los carnavales, las manifestaciones del movimiento obrero y la invasión de Bahía de Cochinos, por sólo citar algunas. Fue autor del único cuadro conocido sobre la Operación Pedro Pan, y tuvo la osadía de pintar un fusilamiento en los años 60. El pintor que una vez gozara de la gloria de los grandes salones en La Habana y Washington, fue conducido a los campos de trabajo forzado de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde presuntamente recibió golpes en la muñeca para impedirle pintar. Nunca más lo hizo y murió en 1971. El trabajo de Ramos ha ganado el reconocimiento de muchos amantes del arte; hoy en día lo consultan expertos de las casas de subasta Sotheby's y Christie's, así como profesores y especialistas en arte de la Isla. "Es un trabajo difícil, en un área en que nadie se atrevía a meterse. Hay que celebrárselo", opinó el pintor Gustavo Acosta, residente en Miami. "El está logrando que la pintura académica se catalogue y se exponga nuevamente tras varias décadas de ausencia en el mercado; que ese arte relegado primero por la vanguardia y después por la revolución, vuelva a adquirir valor". Pero el trabajo de Ramos también ha provocado suspicacia entre galeristas y coleccionistas de arte de Miami, que tampoco apreciaron en su justo valor la pintura académica cubana y no supieron aprovechar el filón de oro que sí vio el "balsero" Ramos. Su labor de restauración y colección ha contribuido a la apreciación de las obras de los académicos, que lenta pero firmemente se reintegran al mercado del arte latinoamericano. Ramos ha realizado ya seis exposiciones en Miami, pero ha enfrentado obstáculos en la promoción y divulgación de las obras de su colección por parte de sectores conservadores de exiliados cubanos cuyo criterio prevalece en ciertas instituciones culturales. "En vez de concentrarse en la importancia de este tipo de colección, tratan de desacreditarme", se quejó el galerista. Ramos invirtió miles de dólares en hermosos catálogos para una exhibición en el Museo de Historia del Sur de la Florida, en ocasión del centenario de la República, la cual fue finalmente cancelada. Ahora, dice, piensa probar en otros Estados norteamericanos, donde varios museos han mostrado interés por su colección. Ramos ha logrado reunir, además, colecciones de revistas de arte cubano como Nadie Parecía, Verbum, Noticias de Arte, Orígenes, y la del Círculo de Bellas Artes (con catálogos de las exposiciones que se realizaron allí, desde 1916 hasta 1960), junto a varios volúmenes del Diario de la Marina. "Ha sido un trabajo fabuloso en el rescate de un acervo de imágenes que constituyen parte de nuestra identidad", consideró el pintor Ramón Alejandro. El sueño de Ramos es crear un museo donde el público pueda disfrutar de su hemeroteca y de las obras de los maestros de la academia cubana. URL: http://arch.cubaencuentro.com/cultura/2002/10/04/10130.html |
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