| De lo simple a lo profundo |
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| Porto Alegre / Nueva York: ¿una dicotomía innecesaria? |
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| por ADOLFO FERNáNDEZ SAíNZ |
Parte 1 / 2 |
El Foro Social Mundial sesionó por segundo año consecutivo como contrapunto al Foro Económico Mundial de Davos, que este año se celebró en Nueva York por solidaridad con la ciudad herida.
Inevitablemente estos dos polos constituyen una dicotomía que refleja la realidad mundial: de un lado los pobres y los marginados; del otro los ricos y los poderosos. Los oprimidos versus los opresores; la Izquierda contra la Derecha.
Pero esa división no hace justicia. Hay muchos pobres que siguen siéndolo porque aún no han tenido tiempo de llegar a ricos, aunque ésa sea su meta. Y aparte de que no todos los pobres son de izquierdas ni todos los opresores de derechas, no toda la izquierda es violenta y totalitaria.
Hay muchos de izquierda, incluso de los que asistieron a Porto Alegre, para los que el modelo no puede ser la Cuba totalitaria de Fidel Castro. Incluso, si siente una genuina simpatía por la revolución de 1959, es una izquierda que sigue su camino hacia el futuro: preocupada por los destinos del mundo, consciente de los peligros de la globalización y la economía de mercado para el medio ambiente, pero no anclada en el pasado. Hay una izquierda que no renuncia a que en el mundo se respeten los derechos humanos, que son universales, y que tienen su referencia en la dignidad de todos los oprimidos, sin distinción.
Aun dentro de la juventud de izquierdas tienen que andarse con cuidado los representantes del castrismo. Ellos, expertos en aplastar la opinión contraria, tuvieron que acudir a sus mejores artes en Porto Alegre. Y aunque lograran darle un "mitin de repudio" a quienes se atrevieron a alzar su voz, fue todo un triunfo que en este foro, a donde también acudieron opresores, se gritaran cuatro verdades sobre la realidad cubana. Léase entre líneas en la mala prensa oficial (Juventud Rebelde, 6 de febrero), que ya habla de "despejar a la izquierda de esa gente que fue perdiendo su propia identidad a medida que les aumentaba el rubor por su propio izquierdismo", y de "los que juegan en dos bandos".
Habría que recordarle a los estalinistas que eso de depuración y de expulsar a los flojos de sus filas sólo funciona cuando se tiene control total sobre los recursos del poder. Pero donde haya un mínimo de libertad —y supongo que en Porto Alegre la hubo—, semejante estrategia no funciona o puede, incluso, ser contraproducente.

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