| Por favor, no hagan silencio |
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| La prensa oficial, devenida cómplice del régimen, se ha puesto una mordaza acrítica ante las violaciones a los derechos humanos que se cometen en la Isla. |
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| por ALBERTO F. ÁLVAREZ GARCíA |
Parte 1 / 2 |
Con este título, la prensa oficialista cubana exhorta a los "colegas de todo el mundo" a que con su silencio "no se hagan cómplices de una injusticia" y denuncien las sentencias por espionaje, dictadas por un tribunal de Miami, contra cinco integrantes de la Red Avispa capturados en EE UU, acusados, además, de participar en la conspiración que provocó la muerte de cuatro pilotos de Hermanos al Rescate en febrero de 1996.
Es inobjetable que los Estados tienen derecho a ejercer el rigor de sus tribunales para defenderse de las labores de espionaje y de los actos agresivos de otras naciones. Es así, en este caso en suelo estadounidense, como puede serlo en el futuro para el régimen castrista, que históricamente ha sido implacable con los autores de ese tipo de delitos contra la seguridad, cometidos tanto por nacionales o extranjeros.
Pero el objetivo, en esta ocasión, es analizar la reacción de la prensa controlada por el régimen, en cuanto a su enorme preocupación por las sentencias dictadas contra los miembros de la Red Avispa. La acción de defensa a los inculpados por la justicia de EE UU por parte de la prensa oficialista, pone de relieve la doble moral de ese periodismo que, después del 1ro de enero de 1959, jamás se preocupó por denunciar las violaciones cometidas por las autoridades a las normas más elementales de los Derechos Humanos.
Ese régimen ha sido violador sistemático del derecho de los cubanos a la libertad de conciencia, de expresión, de asociación, de movilidad. Ha negado derechos jurídicos fundamentales contra el arresto arbitrario, el habeas corpus y estableció la dependencia del poder judicial al aparato de Gobierno, eliminando toda imparcialidad de los tribunales y la justicia, sin que nunca hayamos visto la más mínima queja o discrepancia de la prensa oficial.
¿Es qué acaso en la década del 60, el periodismo del régimen pidió garantías para el establecimiento de las reglas judiciales y las condiciones carcelarias de aquellos procesados por combatir el nuevo orden político, que con frecuencia fueron sometidos a innumerables vejaciones y tratos inhumanos en su experiencia de presidio político o enfrentando la pena de muerte?
¿Es que ese periodismo, que hoy reclama la inocencia de la Red Avispa y pide la colaboración en ese sentido de sus colegas del mundo, tuvo un gesto similar cuando en 1965 decenas de miles de jóvenes fueron arrastrados a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) en condiciones terribles, bajo la justificación de ser homosexuales, creyentes o de ser intelectuales discrepantes del régimen, lugar al que fueron enviados incluso un grupo de sacerdotes católicos entre los que se encontraba el actual cardenal Jaime Ortega Alamino?
¿Esa prensa se ha preocupado alguna vez por el hostigamiento, las agresiones psicológicas y físicas, las intimidaciones a sus familiares, los despidos laborales injustificados, etc., que padecen los disidentes pacíficos, periodistas, sindicalistas, pedagogos, economistas, campesinos, laicos y activistas de la iglesia e intelectuales independientes, por sólo defender sus derechos civiles y políticos?

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