| Martes 11 de septiembre: ¿Por qué? |
|
| Las coordenadas políticas y culturales pudieran ser insuficientes a la hora de explicar los ataques suicidas a Washington y Nueva York. |
 |
| por MANUEL CUESTA MORúA |
Parte 1 / 2 |
Cuando las informaciones sobre los terribles sucesos de Washington y Nueva York se proyectan en todas las mentes y pantallas del mundo, he visto ciertas imágenes que agreden nuestra inquieta inocencia.
Las fotografías captadas por un lente amateur muestran al avión que penetra una de las torres gemelas, el incendio que provoca y el desplome posterior de los edificios, símbolos del poder impersonal.
Una de estas imágenes impresiona para siempre: la de personas pidiendo socorro como anuncio de una muerte segura. Y al final de esta retro proyección, una pregunta simple: ¿por qué?
La respuesta también es simple: porque en el mundo hay una ínfima cantidad de locos matemáticamente suficiente como para provocar un infierno humano sin la menor alteración del pulso. Ello basta para entender lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 desde una aproximación estrictamente clínica.
Lo demás son complejas coartadas culturales, sociales y políticas que llevadas a su límite explicativo e intelectual pueden rozar la justificación de que los Estados Unidos merecían esto y mucho más.
Existe una copiosa literatura sobre el Islam y el cristianismo, sobre los hindúes y las culturas precolombinas, sobre las religiones africanas y la variopinta cantidad de sectas satánicas o de otros rigores religiosos, políticos y humanos. Ninguna resultará suficiente para explicar por qué unos hombres secuestran cuatro aviones y los proyectan contra la vida.
Existe también un puntilloso registro acerca de la secular humillación humana, la sufrida y la provocada. Y sé, sin necesidad de que me lo recuerden a última hora como compensación sicológica, que los Estados Unidos tienen su parte en la historia de la villanía mundial. Pero esto tampoco explica o justifica el 11 de septiembre. De modo que ni desde el punto de vista cultural ni desde el punto de vista político puede entenderse este horroroso calendario. Ello supondría reducir la explicación de ciertos actos, en cuyo caso no avanzaremos mucho por el camino de la inteligencia —siempre hay un motivo por el que actuar—. ¿Acaso Timothy Mc Veigh se sintió, al instante de consumar el terror, más humillado que toda el África? Se trata de un punto que no vale la pena discutir.

|