| La intelectualización del desastre en Nueva York |
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| Inteligencia y mercado: ¿Deberíamos permitirnos el tráfico con el dolor? |
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| por EMILIO ICHIKAWA MORIN |
Parte 1 / 2 |
No sé si esto confirme una vez más la especificidad de la perspectiva femenina, que fue, debates aparte, una de las contribuciones esenciales a la sensibilidad humana de finales del siglo XX; pero fue mi colega Esther Lumbreras quien me alertó sobre los problemas que podría entrañar la fría intelectualización del atentado terrorista contra las torres gemelas de Nueva York.
Según cree no se trata de una grosería o un gesto de mal gusto; no es tampoco una equivocación artística: es sencillamente un genocidio, un acto contra la libertad e ingenuidad humanas.
En la antigua Grecia hubo dos grupos que rivalizaron un poco, pero que estaban confabulados en un objetivo común: la destrucción (¿reconstrucción?) de los mitos de sus vecinos. Por un lado los comediantes, que aplicaban a esas terapéuticas ficciones que son los mitos una especie de dialéctica de la burla; por otro los filósofos, que mataban los mitos racionalizándolos.
Me han asegurado que existe una suerte de nota epistolar redactada por Aristóteles al final de su vida donde confiesa que la razón nada puede contra un mito bien afincado; y que su filosofía había sido inofensiva contra ellos.
Al argumento de la amiga Esther se suma entonces este otro: la razón es inmoral cuando trata de someter un acontecimiento éticamente abisal; y también es fútil cuando pretende rectificar creencias asentadas en el sentido común de las personas.
Acepto entonces todos los reparos interpuestos a la intelectualización del atentado terrorista contra las torres gemelas de Nueva York y el menos publicitado pero igual de violento contra el Pentágono.
No obstante el fenómeno, guste o no, está sucediendo: ya aparecen visibles ejercicios intelectuales acerca del suceso y, lo que puede parecer más tremendo, se cierne sobre él la curiosidad académica, para no hablar del comercio.
En el nivel intelectual han aparecido algunos tópicos que, con todas las reservas de las reflexiones precedentes, vamos a referir a continuación; por lo menos en sus incisos fundamentales.
Se ha montado, primero, una discusión en el ámbito estético. Los arquitectos y constructores se han pronunciado acerca del grado de resistencia de las torres, las alternativas de evacuación, etc. Por supuesto, se debate también la pertinencia de la reconstrucción, lo que implica capítulos financieros, urbanísticos y también éticos y políticos. ¿Qué se puede decir al mundo si se levantan las torres o si, por el contrario, se deja definitivamente mutilado lo que era el perfil urbano de Nueva York?

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