Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Opinión
La Historia: pendiente de absolución (II)

Repaso a un alegato que se vuelve contra su autor
por LUIS MANUEL GARCíA Parte 1 / 2

La relectura del alegato de defensa de Fidel Castro Ruz el 16 de octubre de 1953, La historia me absolverá, no sólo nos permite cotejar el dibujo que de aquellos días nos ofrecía el protolíder cubano con la realidad a medio siglo de distancia, sino comprobar, asombrados, lo que por entonces era su diseño de porvenir para la Isla.

Después de dibujar el mapa de una actualidad que parece haberse congelado hasta nuestros días, FC se dedicó a vindicar su derecho a subvertir por la fuerza un orden tiránico. Cita a tales efectos a las monarquías teocráticas de la antigüedad, a los pensadores de la antigua India, las ciudades estado de Grecia y la República Romana, a Juan de Salisbury, Santo Tomás de Aquino, Martín Lutero, Felipe Melanchtlon, Calvino, Juan Mariana, los reformadores escoceses y Jorge Buchman, Juan Altusio, Juan Jacobo Rousseau, la Declaración de los Derechos del Hombre ("Cuando una persona se apodere de la soberanía, debe ser condenada a muerte por los hombres libres") y a Montesquieu, entre otros, con una memoria prodigiosa para alguien a quien no se le permitió bibliografía alguna para preparar su defensa, aunque cite recortes recientes de prensa e informaciones de actualidad, recibidas quizás telepáticamente. Una memoria que le abandonó en 1959, porque desde entonces hasta la más tímida disidencia ha sido objeto de sanciones desmesuradas, tildadas de acciones al servicio de una potencia extranjera (el monopolio del poder trae de ñapa el monopolio de la cubanía). El mismo lo explica citando en su alegato a Montesquieu: "Así como es necesaria la virtud en una democracia, el honor en una monarquía, hace falta el temor en un Gobierno despótico, en cuanto a la virtud, no es necesaria, y en cuanto a honor, sería peligroso".

¿Cuál era el futuro de Cuba que proponía aquel abogado? Se resumía en cinco leyes que "serían proclamadas inmediatamente". La primera "devolvía al pueblo la soberanía y proclamaba la Constitución de 1940 como la verdadera ley suprema del Estado". La segunda era la Ley de Reforma Agraria que se pondría en marcha. La tercera otorgaría "a los obreros y empleados el derecho de participar del 30% de las utilidades en todas las grandes empresas". La cuarta ley revolucionaria concedía a todos los colonos "el derecho a participar del 55% del rendimiento de la caña y cuota mínima de 40 mil arrobas a todos los pequeños colonos que llevasen tres años o más de establecidos". Y la quinta ley "ordenaba la confiscación de todos los bienes a todos los malversadores de todos los gobiernos" y a herederos de dineros malhabidos. Cosa que también se puso en práctica. Concluyendo, "que la política cubana en América sería de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos del continente", porque "Cuba debía ser baluarte de libertad y no eslabón vergonzoso de despotismo". De seis, dos. Mal average. De modo que en materia de leyes perspectivas, también seguimos esperando por que la historia nos absuelva.

Otros buenos propósitos del joven abogado eran "asegurar a cada trabajador manual e intelectual una existencia decorosa", así como resolver los ocho problemas: "El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; (...) junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política". En cuanto al problema habitacional, se proponía financiar "la construcción de viviendas en toda la Isla en escala nunca vista, bajo el criterio de que si lo ideal en el campo es que cada familia posea su propia parcela, lo ideal en la ciudad es que cada familia viva en su propia casa o apartamento". Medio siglo después, el legado es la destrucción de las ciudades "en escala nunca vista", sólo el pequeño agricultor de 1959 posee la tierra, y aquel joven abogado que citaba los criterios antilatifundistas de la Constitución del 40, es el mayor terrateniente del planeta. Vamos a peor: de ocho, dos, y quizás pecamos de generosos.

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