Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
En Cuba
Casas embrujadas

por REDACCIóN ENCUENTRO  

En Cuba es peligroso tener una casa grande. Incluso si se la construye uno mismo. Dadas las condiciones imperantes, es muy sospechoso que alguien tenga dinero para adquirir el material que le permita levantar una vivienda de gran tamaño. También es raro que el propietario de una casa pequeña consiga cambiarla por una mayor. Lo que pudiera resultar motivo de alegría en cualquier lugar del mundo –poseer un domicilio relativamente amplio– en Cuba se ha convertido en agonía.

La Habana
La Habana

Cierto que muchas de estas viviendas de reciente adquisición han sido compradas o permutadas ilegalmente, más que nada porque no existe una manera legal de hacerlo. Hasta hace un tiempo, el Estado se hacía de la vista gorda, como con muchas otras cosas, pero actualmente se ha declarado una ofensiva que provocó 1.400 confiscaciones, 548 expulsiones de ocupantes considerados ilegales y el cobro de multas por un valor de más de millón y medio de dólares.

La persecución es más severa con las llamadas casas "sobredimensionadas", es decir, más grandes de lo permisible para el cubano medio, para cuya construcción se emplean, según el Gobierno, materiales y equipos robados o que se adquieren mediante una compra ilegal. Con este fin se aprobó el temido Decreto 21, que le da derecho a las autoridades a confiscar viviendas o a autorizar sus reformas. También regula las permutas permitidas y establece las fronteras de la legalidad en materia inmobiliaria.

Las permutas "no creíbles", o lo que es lo mismo, de una casa en mal estado o pequeña a otra mejor, son las más perseguidas, porque mueven dinero. Los CDR tienen una nueva misión, informar y recolectar toda la información sobre nuevos vecinos que llegan al barrio, dónde vivían, cómo era la casa anterior y cómo la actual, para hacer las denuncias. "Somos nosotros, los buenos vecinos, los que tenemos que ir y advertir: estás construyendo una casa gigante" –animó Juan Contino, coordinador nacional de los CDR.

Por tanto, ha cundido el pánico entre quienes han hecho reformas en su vivienda, han conseguido una buena permuta, o han invertido parte de las remesas familiares en un domicilio. Los cubanos de a pie no tienen por qué aspirar a una casa, y mucho menos a una "sobredimensionada".


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