Lunes, 23 septiembre 2002 Año III. Edición 456 IMAGENES PORTADA
Semblanzas
Bergaza, el ilustre acompañante

Pormenores de un pianista insuficientemente conocido.
por JOAQUíN ORDOQUI GARCíA, Madrid Parte 1 / 2

Tal vez desde finales del siglo XIX, y seguramente desde principios del XX, dentro de nuestra música popular comienza a desarrollarse una forma de tocar el piano que evolucionará hasta convertirse en un estilo tan definido como el del jazz y donde este instrumento percutivo juega un rol similar, al conformar la sección rítmica en las agrupaciones en las que participa y que son, fundamentalmente, cuatro: la charanga danzonera, la orquesta de teatros musicales, la jazz band cubana y el conjunto sonero. En gran medida, la definición de ese estilo se debe a la incorporación del piano a la más integral de las músicas cubanas, el son, donde encuentra, en pianistas como Luis Martínez Griñán, un desarrollo rítmico y armónico que marcará definitivamente la música caribeña y el jazz. Además de esta función, el piano —como la guitarra— ha sido desde siempre uno de los instrumentos idóneos para el acompañamiento de cantantes, pues se trata del más completo dentro de los acústicos, el que más escalas comprende y el que mejor puede simultanear quehaceres armónicos, rítmicos y melódicos.

Otra tradición pianística cubana, no ajena a la ya mencionada, data del siglo XIX y forma parte inseparable de los orígenes de nuestra definición musical: la que se inicia desde la música llamada culta y que encuentra en Saumell su más destacado compositor, hasta el punto que Alejo Carpentier (La música en Cuba) llega a afirmar: "...en las contradanzas de Saumell se encuentran ya fijados, antes de haber transcurrido la primera mitad del siglo XIX, los perfiles y giros que dieron cuerpo, bajo diversos nombres y paternidades más o menos contestadas, al conjunto de patrones que alimentaría la cubanidad de un amplísimo caudal de música producida en Cuba".

La tradición saumeliana continuó desarrollándose con compositores como Ignacio Cervantes y Lecuona, da origen al danzón y, sobre todo desde mediados del siglo XX, irrumpe en casi todos los ámbitos de la música popular.

El 28 de agosto de 1917, Felo Bergaza desconocía esta historia, en parte porque todavía no había transcurrido del todo pero, fundamentalmente, porque acababa de nacer. Fue en la histórica villa de Trinidad (según Díaz Ayala, pues Orovio sitúa su nacimiento un año antes, aunque sin precisar día ni mes).

Inició sus estudios en la entonces provincia de Las Villas y los continuó en el conservatorio Huberte de Blanck, de La Habana, donde comenzó su carrera profesional a partir de ganar un concurso para aficionados. Poco después se estrenó como pianista acompañante de importantes cantantes. Las primeras obras grabadas por Felo que registra la discografía de Díaz Ayala son con su propio conjunto, y llama la atención que tres de ellas (Longina, Santa Cecilia y Doble inconsciencia) pertenecen a Manuel Corona y formaban parte del repertorio habitual de María Teresa Vera.

Salto a cont. Siguiente: Sin embargo... »
1   Inicio
2   Sin embargo...

Imprimir Imprimir Enviar Enviar

En esta sección

El hombre de Los Sitios
JOG, Madrid
Juanito Márquez de cuerpo entero
La voz de Tito Gómez
NOTICIERO
SOCIEDAD
ECONOMÍA
CULTURA
INTERNACIONAL
DEPORTE
MÚSICA
semblanzas
dulce cantar
OPINIÓN
DESDE...
ENLACES
Chat
ENTREVISTA
Cartas
BUSCADOR
Galeria
Mini
EDICIONES
» Actual
« Anterior
» Siguiente
Seleccionar
D:  
M:  
A:  
   
Cuba libre
 
 
PORTADA ACTUAL NOSOTROS CONTACTO DERECHOS SUBIR
 
© 1996-2003 Asoc. Encuentro de la Cultura Cubana.