Miércoles, 03 abril 2002 Año III. Edición 336 IMAGENES PORTADA
Semblanzas
Romeu, el maestro a la sombra

El padre del jazz cubano ha muerto, mas su música no descansará en paz.
por JOAQUíN ORDOQUI GARCíA, Madrid Parte 1 / 3
Armando Romeu

Hay artistas que por razones difíciles de precisar devienen mito, otros, no menos dotados, permanecen en una especie de anonimato, al menos en lo que al gran público se refiere. Éste último es el caso de Armando Romeu, nacido en La Habana el 17 de julio de 1911, en el seno de una familia que ha propiciado a Cuba una pléyade de músicos, desde el gran danzonero Antonio María Romeu hasta Armandito Zequeira, pasando por Mario y Zenaida Romeu y el padre de quien hoy nos ocupa, Armando Romeu Marrero, quien impartió las primeras lecciones de música al niño que llegaría a ser "el más importante director de jazz band de Cuba en todos los tiempos", según Leonardo Acosta.

¿Por qué lo sitúa Leonardo en tan alto pedestal, sobre todo si tenemos en cuenta que está refiriéndose a un país que ha dado a Mario Bauzá, Peruchín, Chico O'Farrill, Paquito D'Rivera, Gonzalito Rubalcaba y tantos otros gigantes? Trataré de indagar en esas razones que son, también, el motivo de esta semblanza.

El currículum profesional de Armando comienza cuando tenía 8 años, como flautista de la Banda Militar de Regla, y su dedicación al jazz, unos 7 años más tarde, en 1926, año en que integra uno de los primeros conjuntos de jazz que amenizan las noches habaneras, dirigido por Earl Carpenter y conformado, en su mayoría, por músicos norteamericanos. Ese mismo año y unos meses después de su estreno mundial, Ernesto Lecuona dirige en La Habana Rhapsody in Blue, de George Gershwin, en el teatro Payret. Armando fue uno de los saxofonistas, porque ya en esa fecha había optado por el instrumento que lo acompañaría durante la mayor parte de su larga y fecunda vida: el saxo tenor.

A partir de entonces, Romeu formó parte de algunas de las principales jazz band que se desarrollaron en La Habana, como el octeto de José Antonio Curbelo, que actuó en el cabaret Tokio durante los años 1929–1930, o Los Diplomáticos de Froylán Maya, o la jazz band de Rogelio Rojito Barba... No hay espacio para enumerar todas las agrupaciones jazzísticas de las que formó parte Armando Romeu, pues dentro de esa entonces incipiente tradición era y es habitual que los músicos cambien de grupos, los cuales, además, suelen ser efímeros. Lo importante a destacar es que, antes de cumplir los 20 años, forma parte de una reducida vanguardia que abre los primeros caminos del jazz en Cuba y que comparte escenarios con instrumentistas que serían verdaderas leyendas, como Amadito Valdés y Mario Bauzá.

En 1931 participa en la Orquesta de Aspiazu y en 1932 lo encontramos en la Siboney, dirigida por Alfredo Brito, una de las primeras en llevar la música cubana a España. No se trataba de agrupaciones jazzísticas, pero la mayoría de los músicos cubanos dedicados al jazz se han movido siempre entre este género y otros de la música cubana con gran facilidad.

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