Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Semblanzas
Olga Guillot

por JOAQUíN ORDOQUI GARCíA Parte 1 / 2

Faltaba ella y llegó, no ya a estas páginas sino a ese curioso renacimiento de "las figuras del pasado" que hace varios años está gozando la música cubana.

Olga Guillot
Olga Guillot

Faltaba yo es el título del último CD de Olga Guillot, después de más de 10 años sin grabar, e incluye cinco nuevas canciones, además de algunos de sus éxitos de siempre.

Nacida en Santiago de Cuba el 9 de octubre de un año que, según la fuente, puede ser 1922, 1924 o 1925, la Guillot (como suelen llamarla sus incondicionales) fue una de las grandes intérpretes del momento más esplendoroso que ha gozado el bolero cubano: las décadas de los 40 y 50.

Su infancia transcurre en La Habana, donde comienza a estudiar y a cantar con Mariano Meléndez en un género sorprendente, el tango. Su debut tuvo lugar en 1938, en un programa radial y a dúo con su hermana Ana Luisa, que se retiró dos años después por matrimoniales razones. Olga permanece en silencio hasta 1944, año en que reaparece en el cuarteto vocal Siboney, dirigido por Isolina Carrillo y con Facundo Rivero como pianista acompañante. En 1945, se hace solista en el cabaret Zombie, también con el acompañamiento de Rivero, y ese mismo año realiza sus primeras grabaciones discográficas con el sello cubano Panart. No fue precisamente un éxito, como tampoco su carrera un inmediato y vertiginoso ascenso a la fama.

Todo parece indicar que a mediado de los 40 Olga Guillot era eso que suelen llamar "un diamante en bruto". Pero muy en bruto. Cuenta Cristóbal Díaz Ayala que alguien, durante una de las primeras presentaciones de la Guillot en el teatro América, comentó: "¿No te dije que la peinaba su peor enemigo?". En Tres tristes tigres, Guillermo Cabrera Infante manifiesta su falta de admiración por esta cantante tan controvertida, opinión bastante generalizada en ciertos círculos "culteranos". En todo caso, muchos testimonios indican que en esos comienzos era una especie de caricatura de sí misma por la falta de control de sus herramientas innatas. Y es que el estilo de Olga está siempre en el borde que separa lo sublime de lo ridículo. Un poco más de expresividad, de intensidad, y ya estamos del otro lado. Además, cuando ataca los registros agudos, su voz tiene una tendencia al "chillido" que años de experiencia le han enseñado a controlar. Imagino que durante su época de "diamante en bruto" excesos interpretativos y agudos desatados deben haber causado muy mala impresión.

A pesar de todo ello, su carrera fue una lenta pero inninterrumpida ascensión al éxito. En 1946 canta por primera vez en New York, donde fue introducida por Miguelito Valdés. Allí realiza algunas grabaciones con el sello Coda y, tras un tiempo en Cuba, viaja a México, donde triunfa como cantante y filma su primera película, La venus de fuego (en 1961, Olga escogería este país para su exilio y aún hoy, aunque vive en Miami, mantiene un apartamento en el Bosque de Chapultepec y siente a México como una segunda patria).

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