Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
Semblanzas
Merceditas Valdés

por JOAQUíN ORDOQUI GARCíA Parte 1 / 2

No ha trascendido a símbolo. Suele olvidarse su nombre en las remembranzas de los grandes. No fue bautizada con uno de esos títulos nobiliarios que ocupan un gran espacio en la imaginación popular: el Bárbaro del Ritmo (Benny Moré) o Mister Babalú (Miguelito Valdés), aunque Fernando Ortiz la llamó "pequeña Aché". Tampoco encarnó un género, como Paulina Álvarez, ni una época, como Matamoros. Sólo fue una de las más extraordinarias y profesionales cantantes que ha tenido Cuba, acaso la única capaz de moverse con calidad similar en mundos tan disímiles como el bolero, la canción litúrgica de la regla de Ocha, la guaracha, el son y la canción afro más experimental.

Merceditas Valdés

Es inexplicable por qué Merceditas tiene una vocación tan explícita de pasar desapercibida. Incluso su nombre, aparentemente tan sencillo, provoca múltiples variaciones. Helio Orovio, en su imprescindible diccionario, escribe Mercedita, muy correcto en la gramática, pero ay, es Merceditas. Un disco francés que acabo de adquirir y que recoge tres de sus vertientes musicales la transforma en Valdez... Como si nadie pudiera recordar bien su nombre.

Nació en La Habana, en el barrio de Cayo Hueso, el 14 de octubre de 1928. Su padre era cantante de Los Roncos, agrupación dirigida por Ignacio Piñeiro, y no le agradaba la idea de tener una hija cantante. No obstante, Merceditas perseveró. Comenzó, como tantos otros grandes, lanzándose a ese ruedo tan propiciatorio que fue la Corte Suprema del Arte, programa de radio en el que concursaban aficionados y cuya interpretación era suspendida al menor error por parte del intérprete.

Participó como cantante de ese primer acercamiento de la alta cultura cubana a sus propias raíces y cuyos exponentes más obvios fueron la revista Avances, Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, Emilio Ballagas, Nicolás Guillén y Eliseo Grenet. Sus interpretaciones de música yoruba-cubana, como apkuona del conjunto de batá dirigido por Jesús Pérez son, decididamente, históricas, como lo fue su participación en conferencias de Fernando Ortiz para ilustrar sus investigaciones sobre la música afrocubana.

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