| En la cantina, con la copa rota y las mujeres que mienten al besar |
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| por LáZARO MORELL, Madrid |
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Otra verdadera joya del bolero vitrolero es Fue en la cantina, de Miguel Ojeda, que transcribimos en la versión teatralizada (o radionovelizada) de La India de Oriente. En él, las convenciones del subgénero se suceden de forma tal que bien podrían conformar un decálogo: prostituta que se enamora y busca a su hombre; macho que aclara que "...sólo significas en mi vida/ la mujer que en la cantina conocí...". Mujer que se defiende: "La deshonra que en el alma llevo yo/ no me quita el derecho de querer". La concurrencia de lugares comunes es tan obvia que no son necesarios mayores comentarios. Los dejo en la cantina, con una copa de ron malo, por supuesto.
Fue en la cantina Miguel Ojeda
Ella (Con voz de mujer dura)
¡Eh, tú, cantinero, ponme un trago ahí, que voy a esperar a mi hombre!
En un café de un barrio corrompido, (Coro) sentada en la cantina, yo te conocí. Compré tu cuerpo, compré tus besos, por unas cuantas monedas que te di.
Después por un amigo me enteré que andabas indagando por mi vida, reclamando sin pudor, mujer perdida, (Él) el momento de amor que te compré.
No quieras recordar lo que pasó,(Ella) tú tienes poca alma para ver. La deshonra que en el alma llevo yo no me quita el derecho de querer.
No vengas a exigirme que te quiera, (Coro) tú vales muy poco para mí y sólo significas en mi vida (Él) la mujer que en la cantina conocí.
Olvídate de mí, mujer perdida, (Coro) y deja ese camino que es el vicio, y ojalá que cambies en tu vida y no sigas rodando al precipicio.
No quieras recordar lo que pasó, (Ella) tú tienes poca alma para ver. La deshonra que en el alma llevo yo no me quita el derecho de querer.
No vengas a exigirme que te quiera, (Coro) tu vales muy poco para mí y sólo significas en mi vida (Él) la mujer que en la cantina conocí.
Olvídate de mí, mujer perdida, (Coro) y deja ese camino que es el vicio, y ojalá que cambies en tu vida y no sigas rodando al precipicio.

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