| Siboney o taíno |
|
 |
| por LáZARO MORELL, Madrid |
|
Una de los grandes mitos de la teleología cubana es la vinculación de los indocubanos a nuestras raíces, cuando de ellos sólo hemos heredado unos cuantos nombres, el bohío y algunos objetos arqueológicos. La búsqueda de raíces indígenas en nuestra cultura ha propiciado los más divinos disparates, como el afán de Eduardo Sánchez de Fuentes por asociar los orígenes de nuestra música con los areitos en un texto que mereció una réplica de Fernando Ortiz que hoy nos parece excesiva por la importancia que le condede a tan rotundo disparate, pero que demuestra la seriedad con que fueron asumidas esas tesis.
Curiosamente, una de las canciones cubanas más conocidas internacionalmente es Canto Siboney, de Ernesto Lecuona y que originalmente formaba parte de la revista musical La tierra de Venus, estrenada en 1927.
De su letra se deduce que se trata de la declaración de amor que hace una chica de esa étnia a su pretendido. Una indígena muy especial, precursora del romanticismo tardío que se adueñaría del imaginario popular desde mediados del siglo XIX.
Canto siboney (capricho, 1927)
Ernesto Lecuona
Siboney, yo te quiero, yo me muero por tu amor. Siboney, en tu boca la miel puso su dulzor. Ven aquí, que te quiero y que todo tesoro eres tú para mí. Siboney, al arrullo de la palma pienso en ti. Siboney de mis sueños, si oyes la queja de mi voz, Siboney, si no vienes me moriré de amor. Siboney de mis sueños te espero con ansias en mi caney porque tú eres el dueño de mi amor. Siboney, oye el eco de mi canto de cristal, no se pierda por entre el rudo manigual.

|