| Al filo de la sospecha |
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| En torno al rap cubano y las circunstancias de su nacimiento. |
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| por DIMAS CASTELLANOS, La Habana |
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Durante los días 12 y 14 de agosto se celebró en la capital cubana el coloquio "El Rap en la Cultura Cubana Actual" —evento teórico de la octava edición del Festival Nacional de Rap Habana Hip Hop, que se desarrolló hasta el día 18 del propio mes—. Conferencias, mesas redondas e intensos debates expresaron el creciente interés que despierta esta peculiar forma de hacer música entre aficionados y estudiosos.
La lucha por la sobrevivencia, el crecimiento de las actividades al margen de la ley, el resurgimiento de problemas supuestamente erradicados y su impacto en sectores sociales como los de los jóvenes y los negros, son reflejados en las composiciones raperas del patio. Esta realidad, y los debates en el coloquio, sugieren una interrogante: ¿Por qué el rap, nacido en los Estados Unidos en los años 70, no se manifestó en Cuba hasta la década del 90? Como los fenómenos socioculturales siempre tienen causas múltiples, puede adelantarse una posible respuesta.
Primero: con independencia de la relación hostil entre los gobiernos de La Habana y Washington, en la década del 90 se produjo un incremento de los intercambios, las relaciones culturales, la comunicación y la información entre las dos naciones.
Segundo: la desaparición del campo socialista, la agudización de la crisis económica, el desplazamiento del azúcar y el turismo por las remesas familiares y la circulación legal del dólar, afectaron marcadamente a los jóvenes y negros, generando grandes diferencias en medio de la ausencia de una sociedad civil y de medios de comunicación independientes.
Tercero: los perjuicios sufridos por la población hicieron mayor daño entre los jóvenes carentes de oportunidades de realización y, doblemente, entre los jóvenes negros, los que generalmente no reciben remesas del exterior por razones conocidas.
Cuarto: la discriminación racial —que adoleció en nuestra historia de un tratamiento integral y recibió un fuerte golpe institucional en 1959— se refugió en la cultura, y allí quedó. Junto a los beneficios, los negros perdieron instrumentos insustituibles con el castrismo, como el asociacionismo civil, la prensa independiente y el debate público, lo que facilitó que los prejuicios raciales proliferaran en las nuevas condiciones de diferenciación social.
Quinto: la influencia del rap norteamericano no hubiera tenido tal efecto si no hubieran existido los antecedentes histórico-culturales que lo hicieron posible. El conocido musicólogo cubano Helio Orovio explicó esos factores: el rap cubano tiene sus raíces en la cultura africana; la rumba, en particular la columbia, el guaguancó y la guaracha, se emparentan con el rap por la manera de decir, por la manera de vivir de sus intérpretes, por las zonas urbanas de donde surgen y por el carácter contestatario del género.
Sexto: la existencia de músicos jóvenes capaces y creativos, su procedencia de los sectores más humildes, su toma de conciencia, la posibilidad de participación a través de la música y cierta "permisibilidad" estatal al desarrollo de esa manifestación cultural —siempre al filo de la sospecha—, completan el cuadro explicativo del surgimiento del rap cubano en la década del 90.
El creciente intercambio entre Cuba y Estados Unidos, la raíz cultural afrocubana, la problemática social, la marginación del negro, la ausencia de espacios públicos para el debate, la existencia de músicos capaces unido a la toma de conciencia de que hay que cambiar, explican por qué los raperos criollos, si bien debutaron con un merecido homenaje a Malcom X, han sido capaces de reflejar nuestra problemática social actual. La popularidad y la acogida que van teniendo no sólo entre los jóvenes, los negros o los marginales, sino entre la población en general, permiten afirmar que existe un rap cubano.
La estrecha y contradictoria relación entre rap y discriminación racial y el lugar destacado que ocupa el problema negro en sus composiciones, no es casual. El racismo alojado en la cultura cubana brota por doquier y nada puede justificar el silencio. No hay una sola agrupación —explicaba en el coloquio Ariel Fernández— que no tenga, al menos, una canción dedicada a este crucial tema. El rap está realizando una importante función social al llamar la atención sobre uno de los males más antiguos y perjudiciales de nuestra cultura.
El hecho de que el racismo sea un problema actual en el mundo, así como la existencia de conflictos políticos relacionados con el mismo más allá de la Isla, no pueden ser argumentos para posponer un debate que aquí ya se desborda. El rap cubano está demostrando las posibilidades de participación en los problemas sociales a través del arte: por ello es merecedor del reconocimiento popular.

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