| Lázaro Ros: la leyenda viva |
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| Una conversación con el hombre de los mil cantos sagrados. |
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| por NATALIA BOLíVAR, La Habana |
Parte 2 / 2 |
Dice que de su generación quedan ya muy pocos. Casi todos se han ido al lugar del bien. Lo que aprendió le costó mucho esfuerzo. Durante años, anduvo por pueblos en busca de la casa donde había un toque, donde un viejo babalawo o un santero le enseñara un nuevo canto. Recorría las zonas azucareras de Matanzas, área donde se asentaron esclavos traídos de África y donde conservaron la historia hablada de su pueblo.
—No creo que haya nadie vivo que pueda traducir todos los cantos que yo me sé. Yo le puedo decir el significado global que tienen, conocemos algunas palabras, pero no todas.
Los viejos, como los llama Lázaro, eran tan celosos de sus secretos que les costaba trabajo traducir sus cantos completos. Ros piensa que lo hacían porque eran muy cuidadosos con los secretos de su religión.
—Te decían: en este canto se cuenta cómo la perra crió a los hijos del tigre, que habían sido abandonados. Cuando crecieron, los tigres se comieron a sus hermanos de leche, los hijos de la perra. Entonces la perra amenazó con que cuando se le aparecieran los tigres, les caería encima a palos.
De pueblo en pueblo, Lázaro fue aprendiendo historias y cantos, hasta pasar el millar. Los cantos sagrados afrocubanos son como una enciclopedia: abarcan todo lo relacionado con los dioses y con la vida cotidiana. Hay cantos al amor (Ochún), a la vida (Changó), a la paz y la tranquilidad (Obatalá), a los antepasados (Oddúa)...
Al preguntarle por los cantos de la muerte, Ros se pone serio. Ha sabido que recientemente alguien entonó cantos de muerte cuando no había funeral.
—Yo lo respeto, pero no estoy de acuerdo. No podemos adelantarnos a las cosas. Los cantos de muerto son de lo más sagrado. Expresan la última voluntad del difunto. Sólo han de cantarse al año del fallecimiento. Se hace un gran funeral, con todos los amigos del muerto. Se da ese tambor, y se le ofrece comida al muerto, pues es la última comida espiritual que tomará con todos sus amigos, padrinos y parientes.
La muerte le hace reflexionar. Expresa un deseo:
—Me gustaría, antes de partir, poder visitar Nigeria. De allí salieron mis antepasados. Cuando viajo y me encuentro a músicos nigerianos, les hablo en yoruba. Pero me dicen: esa lengua es arcaica. Sí. Pero les puedo decir: Omo fumi achá. Es decir, dame un cigarrito.
Una leyenda viva este Lázaro Ros. Desea dejar todo lo que sabe, por si le es útil a alguien, antes de partir. Porque Ros prefiere partir antes que morir.
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