| La vida saxual |
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| Paquito D'Rivera: erotismos e itinerarios de un clásico del jazz. |
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| por JOAQUíN ORDOQUI GARCíA, Madrid |
Parte 2 / 2 |
Regresa a La Habana ese mismo año y, a pesar de la citada ley, continúa sus presentaciones en cabaret, radio y televisión, aunque el maestro Tito incorporó una variante: adaptó piezas para clarinete de Mozart, Weber y otros autores europeos para que Paquito pudiera tocarlas con su saxo soprano en conciertos dirigidos por Adolfo Guzmán, Rodrigo Prats y Gonzalo Roig, con quien interpretó el Concierto número 2, de Karl María Von Weber, en versión para soprano. También, como vivía cerca del cabaret Tropicana, se acercaba con frecuencia a escuchar a la orquesta de Armando Romeu, donde tocaban algunos de los más destacados jazzistas del momento y donde se organizaban jam session que, según Leonardo Acosta, eran memorables.
En 1960 viaja a New York en lo que sería su primera y premonitoria presentación en esa ciudad. Ese mismo año comienza estudios más formales en el conservatorio de Marianao. Los primeros contactos profesionales de Paquito con el jazz se produjeron en 1961 o 1962, cuando Tito lo acercó a una banda que tocaba en el hotel Capri, al mando de Paquito Echevarría, quien le dio a su tocayo las primeras lecciones prácticas. En 1963 forma parte de la orquesta de esa otra gran escuela que fue el Teatro Musical de La Habana, organizado y dirigido por Alfonso Arau y donde participaron figuras tan importantes y variopintas como Leo Brouwer, José Luis Posada, el mimo Simón o Chucho Valdés y Carlos Emilio. El todavía niño interpretaba saxo alto y clarinete. Gracias a su relación con Chucho, participó en la grabación de los primeros discos de este gran pianista del jazz cubano, quien además escribió especialmente para Paquito un arreglo de Mi mejor canción, de José Antonio Méndez. También grabó algunos números con la orquesta de Leonardo Timor.
El otro gran hito en la carrera de Paquito D'Rivera fue su incorporación en 1967 a esa gran banda que fue la Orquesta Cubana de Música Moderna y en la que participaron algunos de los mejores jazzistas de la época. Aunque la orquesta tocaba poco jazz y en su repertorio mezclaba diferentes géneros, tenía un sonido muy especial y muy diferente a todo lo que se escuchaba en Cuba en esos años.
El otro episodio, el que lo lanzaría a la fama internacional, se llamó Irakere, del que Paquito no sólo fue uno de sus fundadores, sino también, junto a Chucho Valdés, la figura más destacada. Ya para entonces el saxofonista era reconocido como uno de los mejores del mundo por los amantes del jazz en Cuba, extraño grupo de personas que no siempre nos conocíamos y que hicimos del Johnie el templo del género en La Habana (antiguo Johnie Dreams, después Club Río, aunque siempre lo llamábamos simplemente el Johnie, o el Yoni, como le gustaría a Cabrera Infante, en una alusión criollo-kamasutriana). El alma del Yoni era Nicolás Reynoso, pero Paquito era uno de los cotidianos. En ese agradable local, que se llenaba de bote en bote los lunes, día de la descarga, se hizo el mejor jazz de los 70 en la Isla, y en él debutó extraoficialmente un grupo de ulteriores repercusiones: Afrocuba.
Pero aunque todos sus integrantes eran destacados jazzistas, Irakere se presentó casi como una orquesta bailable más, ya que los prejuicios contra el género eran enormes y aunque nunca estuvo prohibido oficialmente (en Cuba casi nada lo ha estado), el boicot que sufrían sus cultores era permanente. Irakere significó el reconocimiento internacional del gigantesco potencial de la música cubana y muchos de sus integrantes, como Chucho, Paquito y Sandoval, comenzaron a "rankear" entre los grandes.
En 1980, Paquito D'Rivera emprende el camino del exilio en una aterradora aventura que pasa por el aereopuerto de Barajas y culmina en New York, donde en poco tiempo se instala entre los grandes. Si hay una muestra evidente de la capacidad de castración artística del sistema político cubano es este éxodo y sus antecedentes. En 20 años, Paquito no pudo grabar en Cuba un solo LP propio. En 20 años fuera de Cuba ha grabado un promedio de uno por año, algunos de ellos, como The clarinetist (one), entre los más interesantes de la discografía contemporánea. La obra discográfica de Paquito merece artículo aparte. Baste decir que ha disfrutado los géneros más diversos de los países más disímiles, desde Argentina a Brasil, desde Centroamérica a New York y, casi siempre, con derroche de talento. Escúchenlo, sólo eso.
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