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Sin más curvas...
 
Delante del toro
LUIS MANUEL GARCíA, Sevilla Parte 1 / 2

Al mediodía del seis de julio de 2001, en Pamplona, capital de Navarra, miles de personas congregadas frente al balcón de la Casa Consistorial, a pesar de la lluvia, elevaron al cielo sus pañuelos rojos para saludar el tradicional Chupinazo, un cohete que da inicio a la fiesta española más conocida en el mundo, gracias a Ernest Hemingway. Tras el grito "¡Pamploneses, pamplonesas, viva San Fermín, gora San Fermín. Felices Fiestas!", empiezan 204 horas ininterrumpidas de insomnio, alcohol y toros, hasta el próximo día 14, cuando con el "Pobre de mí" concluyan las fiestas.

Corrida
Tras la estela de Hemingway. Turistas
en San Fermín

Ciento cincuenta y ocho actos festivos durante nueve días, entre ellos la salida de la comparsa de Gigantes y Cabezudos, corridas de toros, espectáculos musicales, la procesión en honor a San Fermín que recorre el Casco Viejo y, por supuesto, los encierros. Aunque posiblemente lo que más corra en esta apacible localidad navarra, durante su desenfreno anual, sea el alcohol, lo que la ha hecho mundialmente famosa es que toros y personas corren juntos, preferiblemente no revueltos.

Antiguamente, cuando traían desde las dehesas los toros para la lidia, hacían noche en las afueras. Temprano en la mañana entraban a la ciudad azuzados por hombres a caballo y a pie, que se encargaban de encerrarlos. Con el tiempo, se pasó de correr tras el toro a correrle delante, del trabajo a la "diversión". Si en sus orígenes los corredores eran pocos, y naturales del lugar, hoy son demasiados y en gran parte extranjeros. El recorrido, de unos 800 metros, parte de los corralillos, en las afueras de la ciudad vieja, hasta la plaza.

Justo antes de las ocho, los corredores avezados cumplen el rito de cantar a San Fermín ante su hornacina y solicitar su bendición, cosa que normalmente no viene mal. A las ocho, un cohete anuncia la apertura de los corralillos. Un segundo cohete, indica que todos los toros están ya corriendo por la Cuesta de Santo Domingo arriba, camino de la plaza del Ayuntamiento. Traspasada la plaza, los toros enfilan la calle Mercaderes, para entrar en la de Estafeta, chocando frecuentemente contra el lado izquierdo de la cerrada curva por la velocidad de la carrera. Desde ese punto, suele disgregarse la manada y tomar dispersa la recta calle Estafeta, donde se producen las carreras más "limpias". El llamado Tramo de Telefónica da paso a la cuesta abajo que lleva al callejón de la plaza de Toros. Un tramo sumamente peligroso, protegido por un doble vallado y, ya dentro del callejón, por unas gateras donde refugiarse en caso de caída. Tras el embudo del callejón, los corredores escapan en abanico de la manada que, ayudada por los llamados dobladores que los atraen con sus capotes, se encamina hacia la puerta de corrales. Cuando todos los toros entran en la plaza suena un tercer cohete y, una vez que han traspasado la puerta de toriles, un cuarto anuncia que el encierro ha terminado.

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