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Vietnam y Cuba
MARIFELI PéREZ-STABLE, New York Parte 1 / 2

Por fin Bill Clinton fue a Vietnam. Su visita cerró definitivamente el libro de la guerra y abonó el de la paz que se viene germinando hace años. No pocos han comentado que Estados Unidos perdió la guerra pero venció en la paz.

La primera parte es indudablemente cierta: en 1975, luego de 58,000 vidas norteamericanas perdidas y más de dos millones de víctimas vietnamitas, la nación más poderosa del planeta fue derrotada en el sudeste asiático. La segunda no es del todo exacta: más puntual sería decir que ambos, Vietnam y Estados Unidos, hicieron posible la paz. A diferencia de la derrota bélica (o la victoria, si de Vietnam se trata), la fecha de la paz no es fácil de precisar.

Sí está claro el aporte vietnamita a la distensión que culminó con el viaje reciente del presidente Clinton. A mediados de los 80, Vietnam inició un programa de profundas reformas económicas que le ha traído beneficios sustanciales. Si bien el ciudadano promedio vive austeramente, el estándar de vida ha mejorado de forma notable. A fines de la década comenzaron a fluir inversiones extranjeras que llegaron a un tope de 8,3 mil millones de dólares en 1996.

En 1994 los Estados Unidos levantaron el embargo a Vietnam, abriéndole paso a inversionistas de más de 400 empresas norteamericanas. Hasta mediados de los 90, la economía vietnamita creció un promedio de 9-10 por ciento al año. La desintegración de la Unión Soviética representó una merma ligera y temporal de unos 4-5 puntos, es decir, un crecimiento de 5-6 por ciento durante el año y medio después de 1991.

Es cierto que a partir de 1996 la política económica de Hanoi ha zigzagueado y que la economía no muestra la exuberancia de principios de la década. La crisis de la economía regional desatada en 1997, sin duda, afectó el ritmo vietnamita. Igualmente determinante, sin embargo, ha sido la resistencia de los conservadores en Hanoi de seguir cediendo terreno a los reformistas por temor a perder el control político. No obstante, Vietnam y EEUU se encaminan hacia un tratado de libre comercio que reforzará la reestructuración económica y precipitará una nueva ronda de reformas. El Banco Mundial estima que en pocos años Vietnam logrará un ingreso adicional de 1,5 mil millones de dólares anuales en concepto de nuevas exportaciones.

Vietnam, claro, está gobernado por un solo partido, el comunista, que nada tiene que ver con las teorías de Locke y Montesquieu. La alternancia en el poder mediante elecciones libres y competitivas y el respeto a las libertades civiles no se vislumbran en el horizonte político vietnamita. Así y todo y sin caer en el facilismo de que las reformas económicas son el deus ex machina de la democracia, resalto algunos fenómenos notables.

Importantes sectores de la elite política han fijado sus miras hacia adelante. Si bien el pasado —la guerra americana como se le llama en Vietnam— pesa en el universo ideológico de los más viejos y/o más conservadores, para el resto no es así. No es inusual que funcionarios vietnamitas respondan a preguntas sobre el legado de la guerra diciendo que eso ya pasó y que ahora el reto es lograr que, dentro de cuatro o cinco décadas, los vietnamitas disfruten de un nivel de vida como el de los japoneses hoy. Incluso los guardianes ideológicos demuestran cierta creatividad al considerar que la figura del líder de Vietnam del Sur Ngo Dinh Diem debería pasar al panteón nacionalista. A principios de los 60, Diem se negó a permitir la entrada de tropas de EE UU en la contienda con el Frente de Liberación Nacional (Viet Cong) que entonces se agudizaba. Sólo después de su asesinato —y el del presidente Kennedy— en 1963 se dieron las condiciones para la fatídica escalada.

En 1995, Vietnam firmó un acuerdo de cooperación económica con la Unión Europea pese a que incluía cláusulas referentes a la liberación de presos políticos y la modificación del código penal. En 1997, tres candidatos independientes lograron escaños en la Asamblea Nacional: un ex oficial del ejército sudvietnamita —hoy un prestigioso médico— un abogado y un obispo católico. Hace meses que unos 100 manifestantes campesinos expresan su descontento con pancartas y tiendas de campaña levantadas a lo largo de un trecho de la avenida principal de Ciudad Ho Chi Minh —tercamente conocida por su antiguo nombre, Saigon. Fueron desplazados de sus tierras y allí se han plantado en protesta. La policía los vigila pero no se mete con ellos. Lógicamente está prohibido tomar fotos: un letrero en inglés reza: "No camera picture".

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