Lunes, 18 junio 2001 Cubaencuentro punto com
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La columna de Ramón Encuentro en la red
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Sin más curvas...
 
Carta al Chori
RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona Parte 1 / 3

Tizánico propagandista El Chori:

¡Mira que es difícil seguirte el rastro ahora, compadre, qué enmarañado te me has puesto! Yo era un vejigo aún y comenzaba a echar mis primeras mentiras, pero tengo la nebulosa y nibelunga ideota de que aparecías hasta en la sopa. Que uno miraba un alegre anuncio en la pared que decía más o menos: "Vendo cuna para niño de madera" y ahí mismo, pegao, al borde, naufragando en alguna de las costas del anuncio, calzándolo, iluminándolo, estaba tu firma autorizada que lo decía todo: El Chori.

Chori

Y eso que era con tiza. Mira lo que puede hacer un cacho de yeso en la propaganda, porque el paisaje te salía gratis y, de ñapa, el churre de las paredes como que te ayudaba a fijar bien el mensaje y hasta aguantaba tormentas tropicales, que de cepillo, nananina.

Yo pensé que ahora, con estos métodos sicalípticos y modernos, con esta guanábana global de por eso me pica aquí y voy a rascarme allá, me asaltaría tu sello de fábrica por todos lados, que tu marca del zorro destellaría, flamante y en potro revencú por los cuatro puntos cardenales richeliús, pero ñinga. La cibernáutica te ha tirado a mondongo. La modernidad electrónica te ha hecho un número ocho, un bururú barará trapero, y no apareces ni en los centros espirituales.

Fíjate si no: era de noche y llovía (el sol no rajaba nada, que aquí las cosas son ordenadas y no hay el relajo ése del ciego y el periódico sin letras). Barcelona dormía. O yo creí eso, que a lo mejor había su búho revoloteando. Metí tu santo y seña en la orden de búsqueda y captura de mi aparato, ¿y qué aparece, tigre? Mira para esto y cierra la jaiba:

Albicastro, Henrico (1661-¿?), Confieso que pensé que eras tú, escapado del diablo, sin fecha de guardar el carro. Y también, vamos a no cobardear, por esa propensión que tienen los de tu pigmentación de arrimarse a la lumbre, es decir, que lo de albicastro –aunque suene un poco a pelícano o pajarraco marino– te venía que ni pintado. Prueba a gritar Luz María, Alba, Blanca o Nieves en la calle Gervasio, para que veas cómo se nublan los balcones. (Y si suenas un estentóreo "¡Lazaritooooo!", seguro recuerdas al viejo Carlos Manuel la mañana del 10 de octubre en La Demajagua). Por ahí no venía la cosa. Seguí probando y:

Coelestes Angelici Chori (motette). Hummm. Ya la previa del motette sonaba a aguarrás para gárgaras, y eso no se le dice a los hombres. Que tú no ibas a soportar un nombrete así en plena playa de Marianao. Lo de Angelici, ni lo sueñes. Y menos lo del coelestesrol. Aunque te digo yo que huele a músico por todas partes, no tiene nada que ver con la rumba. Es más estirado, tipo fagot. Por eso seguí a la viva, cazando. Y apareció esto otro:

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