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Sin más curvas...
 
Carta a Alberto Yarini
RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona Parte 1 / 3

Jeboso Alberto Yarini y Montes de Oca:

Época

Tenías razón. Tu frase esa de fresa. Esa que frisa la difusa fosa del escándalo: "A las mujeres hay que darles no sé qué cosa y preocupación", es genial. Qué chévere con chivirico. Claro, que no me acuerdo muy bien qué cosa hay que darles, ni si la frase es tuya o de algún chino en batilongo. Hasta ahorita mismo la tenía en la punta de la lengua, pero me la mordí, y ahora no sé qué era. Pero el concepto es bueno. Afilado. Una bola de humo. Ya me acordaré de la frase completa y seguro las cosas con las niñas me empiezan a ir mejor.

Porque mira que tu profesión ha sido mal vista. Y no sólo mal vista, sino que yo diría denostada. Y hasta despreciada. Aunque secretamente la envidien. Casi siempre sucede que cuando hablan mal de tu profesión, lo hace un tipo de medio metro, con granos en la cara y un ojo montado en sputnik. De esos acomplejados que, para ir al baño, lo miran todo antes, no vaya a ser que haya una cucaracha en el techo y empiece a reírse de ellos. Y yo me pregunto: ¿Qué tiene de mala tu profesión? ¿Que no trabajabas de cocinero en una Escuela en el Campo? ¿Que no eras recogedor de papas en Alquízar? ¿Que no eras soldador A en una fundición? La gente no solamente es mala, sino que se les va la musa a veces. Porque si hubieras sido cocinero en un lugar de ésos y te apareces a las diez de la noche, con mucho diploma de obrero de avanzada y todo, en San Isidro, con peste a leche quemada y a aceite de tren cañero, las francesas esas a las que tú le llevabas su carrera ¿te hubieran mirado? ¿Tú crees que te iban a dar besitos de coco con el mismo entusiasmo si te hubiera dado por ser jefe de lote y llevaras tierra colorá hasta en el periódico?

Hay que respetar un poco más las profesiones, por raras que sean. Que la vocación es una cosa así como mágica. A mí me caen como una bomba los lemitas que quieren convencerte para que te metas en algo. Me parece que quieren sobornarme, adobarme la conciencia. Que alguien me está empujando y empujando para que yo sea lo que no quiero o lo que me da miedo ser. Tú saliste chulo. Bueno ¿Y qué? Eras bueno como chulo. Se te daba bien. Y vivías honradamente de eso, sin pedirle un peso a nadie. Eso quiere decir que eras un chulo de los buenos. Si te evaluaran, me la corto a que te darían la A. Y eso es lo que vale. ¿Qué vivías de las mujeres? Psshhh. ¿No les coordinabas tú el trabajo de ellas? ¿Protestaban las francesas acaso? Yo tengo un amigo, que tiene canas hasta entre los dedos de los pies y siempre ha vivido con su madre y sus tías. Nunca ha cogido en sus manos una palita de jardinero siquiera. Y a nadie se le ocurre decirle que es un chulo. Y hay que ver lo entalcado que va. Le almidonan hasta las medias.

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