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Sin más curvas...
 
El último 'inning'
ROMARIO FERNáNDEZ, La Habana Parte 1 / 2

El béisbol –o como le llaman en Cuba, la pelota– es el deporte nacional de los cubanos; su práctica se extiende por todo el archipiélago hasta los parajes más intrincados, lo que justifica que muchas luminarias de este deporte procedan de los más diversos y recónditos lugares, como Conrado Marrero, nacido y criado en la finca Laberinto, un punto perdido en la geografía, al norte de la zona central de la Isla, o el diestro lanzador oriental Braudilio Vinent, apodado El meteoro de La Maya, en franca alusión a su pueblo natal en las serranías de Santiago de Cuba.

El caso es que, en la Isla, por muchos motivos, la gente nace sabiendo de pelota en su acepción más académica, esto es, que son los que más saben de temas beisboleros cualesquiera que sean, lo que por idéntica razón conlleva a que cada cual se considere –al mismo tiempo– manager y árbitro apto para juzgar las decisiones que cualquiera de éstos tomen en un partido de béisbol.

Si algo tienen por aprendido los cubanos en sede de discusiones sobre pelota es que las decisiones de apreciación sobre una jugada que adoptan los árbitros no se pueden discutir, precisamente porque de eso se trata, de la apreciación del umpire lo cual, lo dicen también las reglas oficiales del juego, no se puede revocar y punto.

Lo anterior no basta para que en cada ocasión en que un árbitro decrete un out, quieto, bola o strike en una jugada o lanzamiento, la parte perjudicada por la decisión proteste airadamente, lo que en ocasiones concluye con la expulsión del quejoso, en una suerte de tarjeta roja del fútbol que utiliza el béisbol, sin que sea requisito previo la exhibición de la tarjeta amarilla.

Una conducta similar parece también la adoptada por el Gobierno cubano, según la reacción oficial, por la votación de la propuesta presentada por la República Checa ante la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra sobre la situación de estos derechos en la mayor isla del Caribe.

Como a un viejo clásico beisbolero, asistimos a un nuevo inning de este partido que dura ya cuarenta años y en el que unas veces Fidel –quien por Cuba ha lanzado todo el juego hasta el momento– o los sucesivos relevistas que desde Kennedy –recordemos que el abridor fue Einsenhower– han desfilado por el box de la Casa Blanca, lanzan bolas de nudillos o rectas duras y pegadas tratando de cruzar al adversario, lo que a juzgar por los resultados –políticos me refiero– parecen darle ventaja al ya experimentado Comandante, a quien los años y la duración del partido le han proveído de un repertorio donde no se incluye solamente la bola dura que usó en los años 60, como la de los misiles, por ejemplo, sino algunos otros lanzamientos por el lado del brazo y a tres cuartos que, tirados con cambio de velocidad, han sacado de paso en algún momento al poderoso toletero yanqui.

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