Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
La lupa
Un poco más de circo

por REDACCIóN ENCUENTRO  

A un año del regreso de Elián González a Cuba, el Gobierno de Fidel Castro retoma su estrategia de movilizar a la población, paralelamente denominada "batalla de las ideas", pero esta vez en reclamo de sus agentes condenados hace muy poco por un Tribunal Federal de Miami. Claro que luego del retorno del balserito esta clase de demostraciones no dejaron de organizarse, pero sus objetivos, o pedidos, habían carecido de un denominador lo suficientemente concreto. Ahora, por fin, aparece uno. En el imaginario de la retórica castrista –o nacionalista–, la lucha por la repatriación de estos cinco "hijos" de la revolución adquiere categoría de símbolo. Y de símbolo aglutinante.

Nuevos héroes
Los nuevos "héroes de la patria"

¿Por qué esta batalla venida a más en pro de una causa perdida de antemano? Cualquier analista sensato, cualquier estadista con sentido común, comprenderá que es extremadamente difícil, sino imposible, que las autoridades norteamericanas entreguen a los espías condenados. Lo impide la ley y lo dificulta la política. Se trata de una quimera. La batalla por la devolución de los agentes secretos al servicio de Castro no es, como ya se ha dicho, idéntica a la sostenida por el retorno de Elián; en el segundo caso se buscaba que el hijo –menor de edad– estuviera con el padre, en el que nos ocupa se pretende que espías de un Gobierno extranjero, previamente juzgados, sean liberados sin más y enviados a su país de origen. En el segundo caso existían posibilidades de lograr una victoria. En el primero estas posibilidades son prácticamente inexistentes. Sin embargo, el Gobierno se ha lanzado a la carga con un convencimiento digno de encomio. Pero, ¿convencimiento de qué? He ahí el punto: parece que lo que se pretende es lo que se esconde... o lo que se busca no es lo que oficialmente se dice.

Es matemático. El castrismo juega contra reloj. Ha comprendido que es necesario tener ocupada o movilizada a la nación en tanto ésta siga siendo manejable, y dispone de incontables mecanismos para mantener cerrado, por tiempo indefinido, el círculo vicioso de las manipulaciones. No es que la dirigencia cubana aspire a fomentar hasta el delirio el antiamericanismo o el nacionalismo de la población –algo que, por supuesto, también entra dentro de sus cálculos–, es que persigue metas mucho más "terrenales": mantener engrasado todo el aparato de presión, organización, persuasión, distracción y vigilancia, haciendo uso y abusando continuamente de él. Por otro lado, se le envía un claro mensaje a aquellos que todavía esperan alguna clase de estallido social en Cuba: si el Gobierno es capaz de usar con tanta facilidad al pueblo, no es probable que ese pueblo pueda abrirse espacios civiles por sí mismo. Es la estrategia del guapo de barrio. El escándalo que sugestiona, que hipnotiza.

Las autoridades han ordenado de nuevo, como en el caso Elián, la confección de pancartas y camisetas en las que aparecen estampados los rostros de las cinco personas juzgadas en Miami. El ambiente organizativo y mediático se torna muy similar. Fidel Castro ha dicho que "la tarea será difícil y la lucha muy larga". Tan larga puede ser como lo que le reste de vida política activa al máximo líder... siempre que no surja otro episodio que relegue por su importancia –tácticamente hablando– al de los espías. La cuestión es darle tiempo al tiempo. No sólo de pan vive "El Hombre"... también necesita algo de circo.


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