| El ensayo de otra guerra mundial |
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| ¿Será el conflicto palestino-israelí la escaramuza preliminar de un enfrentamiento devastador entre el Islam y Occidente? |
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| por VICENTE ECHERRI, Nueva York |
Parte 3 / 3 |
Esta afirmación no niega que la mayoría de los musulmanes sea gente pacífica y, en la práctica, tan semejante a nosotros como cualquiera; sólo subraya que la expansión de Occidente y sus valores (secularismo, individualismo, democracia, libertad de expresión etc.) pugna per se con los "valores" de un mundo enquistado en el pasado y con la "identidad" (tradiciones, costumbres, etc.) de la sociedad musulmana conforme a la interpretación de muchos de sus pensadores y agitadores. Dicho de otro modo, la aldea global es una inevitable universalización de los valores occidentales y, en consecuencia, los defensores del islamismo tradicional la ven, con razón, como una amenaza que, de no ser frenada, terminará por socavar y barrer con su mundo. El antioccidentalismo visceral, palpable en muchos países islámicos, es, pues, en mi opinión, orgánico y universal, aunque su manifestación extrema de terrorismo suicida sea mínima.
Frente a este cuadro, la reacción de la sociedad occidental —mucho más en Europa que en Estados Unidos— ha sido, en líneas generales, de cautela: evitar la confrontación y conservar las alianzas políticas con países que han sido tradicionalmente amigos a pesar del creciente extremismo religioso que prospera en ellos y que puede desestabilizar, peligrosamente, a más de un gobierno. Tras la amenaza clara de Bush a aquellos Estados que, según su propia definición, componen el "eje del mal", Estados Unidos ha estado visiblemente apaciguador, en tanto los Estados musulmanes se han mostrado menos dóciles a las pautas universales de una política imperial. Tómese de ejemplo la reciente cumbre árabe de Beirut, en la cual fue unánime el rechazo a una campaña militar contra Irak, al extremo de que la declaración final dice que una agresión contra Irak sería una agresión contra todos los países árabes. En respuesta a este desafío, tan contrario a la "Doctrina Bush", Estados Unidos ni siquiera reaccionó, dando a entender tal vez que tomaba la declaración como mera retórica. En verdad se guardaba de dar un paso que lo llevaría al reconocimiento de que Occidente se encamina hacia una confrontación inevitable con el Islam.
En este cuadro, el conflicto entre palestinos e israelíes puede verse como un ensayo, una especie de muestra de lo que podría ser el clima de conflagración que podríamos estar viviendo dentro de poco, así como la retórica en torno a él, de parte de los gobiernos árabes, no es más que el recurso con el que quieren exorcizar sus propios problemas. Esos gobiernos árabes son los más atemorizados ya que, para conservar el poder y los privilegios de sus regímenes despóticos, no han dudado en nutrir y apoyar a los movimientos extremistas que ahora constituyen una bomba de tiempo dentro de sus propios Estados.
Ante la perspectiva de este choque de civilizaciones o de culturas —que presupone una contienda de incalculable destrucción y costos en recursos materiales y vidas— Estados Unidos ha mostrado en los últimos días algunos signos de vacilación. Sin llegar a las posiciones de franco avenimiento que, por cobardía y codicia, sostienen algunos gobiernos europeos frente a naciones tan peligrosas como Irak e Irán, el Gobierno de Bush ha querido mostrarse conciliador con los árabes y ha despachado al general Powell a ejercer una desesperada mediación de muy dudoso éxito.
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