| La OTAN autoriza el inicio del ataque, y Bin Laden aún se encuentra en Afganistán |
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| por REDACCIóN ENCUENTRO |
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Por fin el régimen talibán ha confirmado lo que el mundo entero sabía: Bin Laden se oculta en Afganistán. El clérigo Abdul Dalam Zaif, embajador afgano en Pakistán lo ha dicho desde la única sede diplomática que conserva el Gobierno. Zaif ha declarado, además, que no revelaría el paradero del terrorista por razones de seguridad.
La OTAN ha dado 48 horas de plazo a EE. UU. y a su aliada Gran Bretaña para que inicie el ataque contra los campos de entrenamiento de terroristas comandados por Bin Laden, en territorio afgano. Se pronostican embestidas devastadoras que comenzarán con ataques aéreos y descargas de misiles que destruirán la Fuerza Aérea talibán.
A pesar de dar muestras de aparente imperturbabilidad, el régimen integrista está intentando parlamentar con Washington. En la misma conferencia de prensa en la que el diplomático ha reconocido que Osama Bin Laden se encuentra bajo la protección de su Gobierno, ha dejado entrever, ambiguamente, que el régimen desea dialogar: "Si cambian y hablan con nosotros, y si presentan pruebas, respetaremos sus negociaciones, y eso puede cambiar las cosas".
Pero Washington ha echado a andar su maquinaria bélica. Sus fuerzas ya están desplegadas en zonas fronterizas con Afganistán, el Golfo de Omán y el Estrecho de Ormuz y sólo esperan la orden de ataque.
El mulá Omar, por su parte, ha amenazado con una guerra de guerrillas contra Estados Unidos. Se sospecha que se cierne un verdadero peligro sobre la población mundial y en especial sobre la norteamericana, pues muchas células durmientes de Al Qaida, la organización de Bin Laden, podrían estar listas para operar en muchas partes del planeta. Estas acciones suicidas y sangrientas podrían hacerse realidad si EE. UU. comienza el embate contra el régimen fundamentalista. Sin embargo, mientras el duelo está por comenzar, se producen numerosas deserciones de oficiales talibán en diferentes provincias. Líderes como el comandante Mohamed Suleman, se han pasado a la oposición con todas las tropa a su cargo.
Los analistas opinan que el dilatado despliegue militar en la zona tiene como objetivos la intimidación y la descolocación de los líderes afganos, al disentir entre una y otra forma de enfrentar la crisis.
Tony Blair, primer ministro británico ha encontrado que "hay pruebas absolutamente poderosas e incontrovertibles" contra Bin Laden y los talibán, que justifican la decisión de imposibilitarlos o eliminarlos definitivamente.
Todo parece confirmar la inminencia del ataque masivo. Aparentemente el mundo se alinea con EE. UU. en contra del movimiento integrista talibán. Pero países de mayoría musulmana se desmarcan y condicionan su ayuda a Washington. Arabia Saudí, por ejemplo, ha dado un paso atrás y ha declarado que no permitirá el uso de sus bases aéreas contra el territorio afgano. Pakistán niega la participación de sus Fuerzas Armadas en operaciones militares contra Kabul y mantiene relaciones diplomáticas con los rigoristas.
Mientras, la luna llena de estos días propicia el comienzo de la guerra.

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