| Los talibanes escogen |
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| La Yihah (guerra santa) será declarada en Kandahar si el jeque Omar decide no entregar a Bin Laden. |
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| por REDACCIóN ENCUENTRO |
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Donde quiera que esté oculto, el principal sospechoso de los atentados de Nueva York es, ahora mismo, el centro de las miradas de todo el mundo y primera plana en todos los periódicos. Es el hombre más buscado del planeta. Por su cabeza —viva o muerta— se ofrecen cinco millones de dólares y como consecuencia de los actos que se le atribuyen pudiera desencadenarse una conflagración de resultados impredecibles.
Los fundamentalistas afganos lo protegen. Mohamed Omar, líder político y espiritual de los talibanes, pidió más pruebas de su culpabilidad a la delegación pakistaní que se trasladó desde Islamabad a Kabul para dar un ultimátum de su entrega. Ayer no hubo acuerdos.
La misión, que se extenderá un día más, recordó al jeque Omar que Afganistán no tiene mar y que la suspensión del paso de mercancías desde el vecino Pakistán, puede ser letal para el Gobierno talibán. Hoy el Príncipe de los Creyentes deberá responder. Las opciones son pocas. Los aliados de siempre, representados por el general Mahmad Ahmad, jefe de los Servicios de Inteligencia de Pakistán, están siendo objeto de duras presiones por parte del gobierno de EE. UU. Sólo ofrecen dos salidas: la entrega de Bin Laden o la guerra. Sin embargo, es posible que los jefes pakistaníes no tengan la influencia que suponen los norteamericanos y probablemente estén sobreestimando su influencia en la zona.
El jeque Mohamed Omar ha convocado a expertos y líderes religiosos para exponer la situación. Sharia, el periódico oficial de los talibanes, ya habla de un llamamiento a la guerra santa (yihah), si el Gobierno norteamericano hace efectivas sus amenazas de una cruzada mundial contra el terrorismo y en especial contra el régimen talibán.
Por si esto fuera poco, las tensiones internas agravan el panorama. El ejército afgano ha reforzado la protección de sus fronteras y las fuerzas armadas talibanes han lanzado una ofensiva contra la oposición al régimen en el norte del país. La ofensiva ha sido rechazada por las fuerzas opositoras y, de momento, el ejército ha tenido que retirarse.
Dos días antes del ataque contra Manhattan, Ahmed Shah Massud, líder de la oposición, fue víctima de un atentado suicida. Los talibanes contaban con el repliegue y la desmoralización de sus seguidores que, aunque sólo controlan el 10% del territorio afgano, mantienen una fuerte oposición contra el régimen.
Las comunicaciones comerciales están cortadas. El espacio aéreo afgano está cortado. La economía se resiente cada día y las mercancías que llegan de contrabando se encarecen más. Se pierden millones de dólares por concepto de reventa de productos libres de impuestos a Pakistán. Del lado afgano de la frontera los movimientos de tropas comienzan a ser importantes, especialmente cerca de los pasos fronterizos de Chaman y Torkham. Se habla de decenas de miles de milicianos movilizados. Kandahar, la ciudad donde radican el jeque Omar y su corte integrista, está siendo artillada con misiles y baterías antiaéreas.
Pakistán, por su parte, en pago por su mediación, deberá ver levantadas las sanciones a las que fue sometido tras las pruebas nucleares de 1998 y el golpe de Estado que llevó a Musharraf al poder en 1999. Mientras tanto, el peligro de guerra aumenta la incertidumbre. El terreno se prepara para una intervención militar desde territorio pakistaní. En este caso, lo más probable y lamentable es que el pueblo afgano, secuestrado por la dictadura talibán, sea usado como rehén.

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