| Entre dos aguas |
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| Pakistán en la encrucijada. Deberá elegir entre la guerra y la bancarrota económica o sus lazos históricos con las milicias talibanes. |
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| por REDACCIóN ENCUENTRO |
Parte 1 / 2 |
La lucidez del Gobierno pakistaní está siendo puesta a prueba.
Por un lado EE.UU. le ha dado un plazo de tres días para conseguir la entrega del terrorista Bin Laden, principal sospechoso de los crímenes de Nueva York y, por otro, se enfrenta al hecho de que la mayoría de su población (140 millones de habitantes) considera que EE.UU. es un país antimusulmán y estaría dispuesta a luchar junto a Afganistán en su contra.
Quizás su mayor peligro es el fuego cruzado que se le avecina. Ante tales previsiones ha ofrecido todo su apoyo a Washington, accediendo a la lista completa de peticiones para organizar un predecible ataque contra el país vecino, que incluye el emplazamiento de fuerzas multinacionales dentro de las fronteras de Pakistán, el cierre de las fronteras con Afganistán, permitir la utilización bélica de su espacio aéreo y poner sus servicios de inteligencia en función del caso.
Collin Powell, secretario de Estado de Estados Unidos, agradeció al presidente y al pueblo pakistaní por el respaldo, en tanto se determina quiénes fueron los ejecutores del crimen y aseguró que en los próximos días su país enviará una delegación a Pakistán para cooperar en la lucha antiterrorista.
Por su parte, el régimen talibán, que controla a la mayoría afgana, ha instado a la Organización para la Conferencia Islámica (OIC), que abarca a más de 50 países árabes, para que le apoye en caso de un ataque norteamericano, y ha pedido que se organice una estrategia conjunta para proteger a Afganistán. Mientras, mantiene que apoyará a Bin Laden, quien ha negado cualquier implicación en los atentados, alegando que no tiene los medios necesarios para realizar tales acciones. Se cree que el disidente saudí se oculta a 2500 kilómetros de la frontera con Pakistán.

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