| La primera guerra del milenio |
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| ¿Seremos capaces de encauzar una lucha mundial contra el terrorismo? |
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| por JOAQUíN ORDOQUI GARCíA |
Parte 1 / 3 |
Las dimensiones de la barbarie ocurrida en los Estados Unidos no sólo han conmocionado a la mayor parte de la humanidad, sino que también han provocado un urgente y un tanto alarmista replanteo del futuro, mediato e inmediato. La primera necesidad a que nos obliga el novedoso escenario es, precisamente, a definir cuál es la novedad, además de la magnitud del siniestro.
1. Actos terroristas sin objetivos inmediatos
Estamos ante una acción que, a diferencia de las anteriores, no persigue un objetivo específico ni ha sido reivindicada. Ello nos lleva a suponer que su propósito ha sido aterrorizar a los Estados Unidos y, tal vez, demostrar su vulnerabilidad, además de infligir una humillación a la gran superpotencia. Esta conclusión obliga a una segunda pregunta: ¿por o para qué? Muchos analistas han intentado explicar el fenómeno desde una lógica occidental, error habitual cuando se juzgan actos provenientes de otra forma de pensamiento, sobre todo si es tan diferente a la nuestra como el fundamentalismo islámico. En general, el autoritarismo presupone que los países democráticos en los que se goza de un alto nivel de vida son decadentes, entendiendo como decadencia, entre otras cosas, la incapacidad de reacción, el miedo. Creo que los autores de este acto brutal perseguían, ante todo, asustar y desestabilizar. Es probable que también el hecho sea una extraña forma de apoyo a la causa palestina, aunque este pueblo y sus dirigentes no estén involucrados.
2. Supuesta invulnerabilidad de los atacantes
La ausencia de reivindicaciones y la presumible falta de relación de esta agresión con un país específico parece haberles hecho suponer que cualquier respuesta directa sería imposible.
3. Fanáticos universitarios
Siempre solemos relacionar al fanatismo con la ignorancia y la pobreza. En este caso, los asesinos suicidas no sólo evidencian cualificación, sino que hay indicios que permiten suponer que algunos de ellos provienen de los Emiratos Árabes, es decir, personas de un país con un elevado PIB. Lo cual significa, también, que no son directamente vinculables a países en conflicto.

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