| En vísperas del contraataque |
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| 'Que Dios tenga piedad con vosotros, porque nosotros no la tendremos', advierte el senador John McCain a los enemigos de Norteamérica. |
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| por REDACCIóN ENCUENTRO |
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Mientras aguarda por la declaración de guerra del Congreso, la maquinaria militar estadounidense aceita sus engranajes internos. Según The Washington Post, la gran ofensiva que prepara el Pentágono revestirá características de acción continuada, no precisamente de ataque aislado o pasajero. Todas las evidencias indican que la opinión pública norteamericana rechaza cualquier solución "de baja intensidad". Tal vez a consecuencia de ello, el Gobierno estaría dispuesto a utilizar fuerzas terrestres, especialmente unidades especiales.
Por otro lado, el Departamento de Defensa estudia la posibilidad de movilizar a más de 40.000 reservistas para reforzar la custodia del espacio aéreo sobre las más importantes zonas urbanas.
Fuentes oficiales aseguran que el secretario de Estado, Colin Powell, en conversación telefónica con el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, le solicitó el cierre de la frontera con Afganistán. El dirigente estadounidense ha afirmado que los contactos con ese país son positivos hasta el momento.
Con semejante panorama a la vista, la respuesta de Kabul no se ha hecho esperar. El régimen talibán ha declarado que se encuentra a la espera de un ataque masivo de EE.UU, afirmando que "se vengará" en caso de que éste se produzca. "Estamos dispuestos a pagar cualquier precio para defendernos, y a utilizar todos los medios para vengarnos", ha advertido por teléfono y vía satélite, desde la ciudad de Kandahar, el portavoz del jefe supremo de los talibán, el mulá Mohamed Omar. Abdul Hai Mutmaen deduce que las advertencias de Powell "indican ahora, en términos claros, que van a atacar". "La ofensiva será de muy alto nivel", se quejó Abdul, quien señaló que sería mayor que la de 1998, luego de los atentados a las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania.
Sin embargo, todo sigue dependiendo del Congreso. Éste trabaja a prisa en una resolución que le daría al presidente Bush pleno poderes —o no— para usar la fuerza. En realidad, el Congreso teme firmar un texto "abierto", lo cual le concedería a la Casa Blanca libertades plenas a la hora de hacer la guerra. El fantasma de Vietnam aún planea sobre las cabezas de muchos políticos norteamericanos.
"Entiendo que éste es un nuevo tipo de guerra, y este Gobierno pedirá a otros que se le unan para garantizar que quienes cometieron estas acciones, y aquellos que les protegen, respondan por ello", aseveró ayer Bush al alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, y al gobernador del Estado, George Pataki.
George Bush padre utilizó en su momento una alternativa que ahora pudiera serle de utilidad a la Casa Blanca. Pidió al Congreso licencias lo suficientemente vagas como para que no equivalieran a una declaración de guerra. El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1990 —resolución 678— dio luz verde a sus Estados miembros contra Irak si éste incumplía la resolución 660, es decir, si no se retiraba de Kuwait. El Congreso aceptó, tras apretada votación, que Bush padre hiciera cumplir la resolución de la ONU por medio de la fuerza.
Un mecanismo como el de 1990, pudiera ser ahora mismo autorizado por el Congreso. Luego de que George W. Bush contactara con los gobiernos ruso, chino, británico y francés —que junto a EE.UU componen el grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad—, esta posibilidad se torna todavía más real.
Entretanto, las cornetas de la guerra suenan a lo largo y ancho de EE.UU. Según la más reciente encuesta —con margen de error del 4%—, el 70% de los ciudadanos apoya acciones militares contra las personas o países involucrados en el ataque del martes, aun cuando ello desencadenara una confrontación de consecuencias impredecibles. A todas luces, el contraataque será letal.

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