Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Internacional
Muros

En plena era de Internet y la globalización, todavía sobrevive una arquitectura de la división étnica, religiosa o política
por LUIS MANUEL GARCíA Parte 1 / 2

En pleno verano de 1961, en Berlín, un 13 de agosto, para ser más exacto, las autoridades soviéticas de ocupación y las de la naciente República Democrática Alemana, cortaron la comunicación entre el este y el oeste de la ciudad, dispusieron en apenas cuarenta y ocho horas una alambrada, y dio comienzo la que llamaron "Operación Muralla China": levantar un muro que partiera en dos la ciudad, y por inferencia el país y la nacionalidad alemana.

Berlín
Checkpoint 'Charlie' en Berlín.
Puerta del antiguo sector
norteamericano de la ciudad

Ante la imposibilidad de competir con un Berlín Occidental que restañaba rápidamente sus heridas y se convertía en escaparate de Occidente, la solución fue tapar el sol con un muro: ojos que no ven, corazón que no siente. Por desgracia para quienes dilapidaron el hormigón que tan útil hubiera sido en la reedificación de la ciudad asolada por la guerra, los nuevos edificios de Berlín Oeste asomaban por encima del muro, y las ondas de radio sorteaban las interferencias; pero, sobre todo, la imaginación de los berlineses orientales transgredía los límites de cemento que se le habían impuesto. En respuesta a la nefasta imagen de Occidente que les pintaba cada día la prensa, los alemanes eran libres de imaginar un paraíso hecho a su medida más allá del muro.

Lejos de provocar el ansiado rechazo a Occidente, el muro desencadenó reacciones bien conocidas por los sicólogos: sublimar lo que me ocultan (por algo será), y despertar el apetito por la "fruta prohibida".

También, según algunos especialistas en la historia más reciente, el levantamiento de una barrera física creó la equívoca noción de que bastaría derribarla para abolir las diferencias que dos sistemas habían impuesto durante cuarenta años a un lado y otro de la frontera. De ahí que la reunificación no ocurriera como resultado de largas negociaciones entre los políticos, sino de las mandarrias que el nueve de noviembre de 1989 derribaron el muro y las distancias. Claro que el paraíso imaginado no lo era tanto, y que los muros mentales se han mostrado más tenaces que el hormigón armado.

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