Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
Internacional
El fin de una isla

26 votos deciden en la Cámara de Representantes el mantenimiento del embargo hacia Cuba
por ALEJANDRO ARMENGOL Parte 3 / 3

El origen de la tendencia al cambio de estrategia, de diversos grupos y personalidades del exilio –a los que desde hace algún tiempo se viene sumando la Fundación, de forma paulatina y con criterios propios– es consecuencia de diversos hechos ocurridos en Cuba en los últimos años, como la visita papal y la celebración de la Cumbre Iberoamericana. Si estos hechos lograron más repercusiones inmediatas en Miami que en la propia Cuba, es una consecuencia de las diferencias entre una democracia y una dictadura. En resumidas cuentas, el único baluarte que les queda a los que propugnan la "línea dura" es la persistencia del castrismo.

La victoria de los disidentes en la cumbre de La Habana de 1999, que lograron arrebatarle el protagonismo al gobernante cubano, fue también una derrota para la línea dura del exilio. La "batalla por Elián" sólo sirvió para demorar la conciencia de esta derrota, que resurgió con más fuerza tras la devolución del niño. Hoy la posición más sensata y efectiva para el exilio es apoyar la lucha de los disidentes –algunos de los cuales también han sufrido por años la incomprensión de muchos que trataron de adueñarse de la lucha contra Castro, contando a veces sólo con un micrófono o desempeñando con éxito las labores de "capitán araña".

El exilio debe apoyar los intentos como el Proyecto Varela, la creación de bibliotecas independientes, la denuncia del presidio político, el respeto a los escritores y artistas que mantienen una posición neutral, la presentación de los grupos teatrales y musicales provenientes de Cuba, la discusión con los intelectuales que apoyan el Gobierno, e incluso con los funcionarios del régimen, y los intercambios culturales. Hay que manifestarse de acuerdo al mejoramiento de diversos sectores y programas sociales, cuyo deterioro actual debe ser fuente de denuncia y no motivo de temor para los habitantes de la Isla, respecto a su conservación una vez abolido el régimen de Castro –la enseñanza laica y gratuita, los servicios médicos para toda la población, las conquistas obreras (la mayoría de ellas anteriores al primero de enero de 1959) y el derecho al empleo. Pero sobre todo, se debe establecer como principio que la función rectora de la Cuba futura recae por derecho propio en los que han permanecido sufriendo el régimen, con vistas al fin de la dictadura y también a una transición cuyos cimientos deben establecerse de inmediato.

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