| El enfermero y la electricidad |
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| Aunque algunos se niegan a admitirlo, un día habrá que lo reconozcan: El régimen basa su estructura en el amor al trabajo. |
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| por ENRISCO, New Jersey |
Parte 1 / 2 |
Hace varias semanas se le celebró juicio a un ex enfermero cubano en Miami. Se le acusaba de aplicar electroshocks a presos políticos en el Hospital Psiquiátrico de La Habana a inicios de la década del 70, con intenciones no precisamente curativas. O sí. Si alguien ha llegado a un nivel de enajenación mental tan profundo como para considerar que el sistema ideado por el Comandante en Jefe para conducir el país no es precisamente el más idóneo, es lógico que se le trate como a un esquizofrénico peligroso con electroshocks incluidos. Esta clase de terapia está destinada a dejar dentro del cerebro del paciente la misma cantidad de neuronas vivas que el que podemos encontrar en un ladrillo de microbrigada o en el cerebro de Pedro Ross. Para algunos, esa es la explicación más plausible de por qué los ladrillos de microbrigada y Pedro Ross son símbolos básicos de la revolución (de Pedro Ross, líder de la Central de Trabajadores de Cuba, he escuchado una anécdota proveniente de alguien cercano a él. A mí no me crean. Cuentan que en la víspera de un viaje al extranjero, Ross, hombre precavido, quiso saber qué temperatura había en el lugar de destino para saber qué ropa llevar. "Cero grados centígrados", fue la respuesta, a lo que éste exclamó: "¡Qué bien, eso quiere decir que no hay ni frío ni calor!").
En la actualidad, la aplicación del sistema de electroshocks reeducadores ha decaído por varias razones. Entre las más importantes, podemos contar con:
—El gasto energético. Ya han pasado los tiempos en que Cuba recibía, a precios irrisorios, combustible de la llorada URSS, y por ello el gasto de cientos de megawatts por paciente se hace incosteable.
—Sigue aumentando el número de pacientes potenciales.
—Se ha conseguido crear un método con el que se consiguen resultados similares (es decir, dejar al cerebro con una capacidad de razonamiento equivalente al del ladrillo antes mencionado) a niveles masivos con un gasto energético bastante menor. El método consiste en la disertación televisiva diaria, por parte de expertos en la materia, sobre la superioridad del sistema político cubano sobre cualquier otro sistema y la responsabilidad del embargo norteamericano en las dificultades de la Isla (en realidad, en Cuba no hay dificultades dignas de mencionar. Si se hace referencia a ellas es para ejemplificar cómo el bloqueo afectaría al país si la sabia conducción del Comandante no conjurara sus efectos). La eficacia del sistema reeducativo a distancia ya ha sido comprobada por la geología y estriba en el tiempo y la persistencia, y su nombre oficial es el de las "mesas redondas". Para poner un ejemplo, tengo una tía abuela con edad suficiente como para haber sido compañera de estudios de Félix Varela. Mi tía, sin embargo, conservaba la mente lo bastante lúcida como para leer vorazmente o contar interesantes historias sobre los paseos en quitrines en La Habana colonial, digamos. Fue así hasta que empezó la transmisión de las mesas redondas. El mal estado de sus piernas le impedía apartarse del radio de acción del televisor —convertido ahora en sistema transmisor de mesas redondas—, de manera que al cabo de los meses coincide con Pedro Ross tanto en compromiso revolucionario como en número de neuronas vivas. Ello permite a mi tía achacarle al bloqueo norteamericano la extinción de nuestros indígenas y el exilio de su compañero de clases Félix Varela.
Lo interesante no es que el sistema educativo algo obsoleto que alguna vez practicó el ex enfermero juzgado en Miami sea calificado ahora como un método de tortura. En definitiva, no existe sistema educativo que no sea calificado como una tortura por sus destinatarios. Lo verdaderamente interesante del caso fue el argumento de la defensa. En ningún momento dijo, por ejemplo, que se trataba de algún experimento científico encaminado a demostrar la conductividad eléctrica del cuerpo humano para, en caso de escasez de alambre, sustituir los cables del tendido eléctrico con voluntarios traídos de Oriente, agarrados de las manos como en un cartel de la UNESCO (en Oriente siempre parece sobrar gente para todo). No, la estrategia de la defensa del ex enfermero era bien distinta. Consistía fundamentalmente en demostrar que a pesar de todo lo que se le imputaba (así es el vocabulario jurídico), el acusado había estado siempre en contra del Gobierno.

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