| Travesía con piedras (X) |
|
 |
| por RICARDO GONZáLEZ ALFONSO |
|
El cacicazgo de Cubanacán dispuso que para emigrar había que tener la piedra blanca o permiso de salida (definitiva o temporal). Esta restricción violaba el Códice de los Derechos Araucanos, pero el Máximo Cacique afirmó que era necesario debido a la política hostil de los apaches (sic).
La situación era compleja. Cuando alguien se iba "para siempre" dejaba de pertenecer a la tribu de Cubanacán; mas si al viajero "sin retorno" se le ocurría regresar para ver a un pariente o como turista, volvía a ser de la tribu, y ya.
Los indígenas peregrinos de vuelta y de ida, tenían que pagar con oro un piedraporte que expedían las autoridades del cacicazgo; pero como no eran del todo de la tribu, estaban obligados a adquirir, también con oro, un seboruco de entrada, requisito que siglos después se llamaría visa.
Estos individuos pertenecían a la Comunidad Aborigen en el Exterior. Como casi eran miembros del cacicazgo, podían dormir en el caney de cualquier pariente; y como no lo eran del todo, tenían derecho a quedarse en la hostelería Meliá Jarama.
La cosa tampoco era sencilla si a un taíno, siboney o guanajatabey se le ocurría viajar "afuera" por un tiempo. Necesitaba un seboruco para entrar en la tierra de los apaches, de los mayas o de los patagones, según el caso; y, además, el piedraporte, la piedra blanca (temporal) y el chequeo de un behíque oficial que cobraba un montón de pepitas de oro por un reconocimiento más superficial que el pellejo.
Sin embargo, para otros, la situación era menos complicada. El Cacique, los caribes y los behíques de confianza podían viajar sin tanto lío. Lo mismo ocurría con los jugadores de batos y los toquitas de areítos, pues sus trámites los realizaba un funcionario guanajatabey.
Muchos que no estaban para tanta pedrería se iban clandestinamente en piragua. Si los apaches los encontraban en alta mar, los devolvían a Cubanacán y si iban a parar a las Lucayas ocurría lo mismo. Pero si plantaban el pie en tierra apache, pasaban a tener los derechos de un piel roja y, de paso, eran considerados de la Comunidad Aborigen en el Exterior.
Con frecuencia algún integrante del equipo de batos o un toquita le vendía el cajetín al Cacique en Jefe, debido a sus prohibiciones máximas y a su abastecimiento mínimo. Estos nativos desertores tenían más rollos para volver de visita, pero no tantos como los de un caribe que se iba vivir con los sioux o los navajos. Éste era calificado de traidor y si asomaba las narices por Cubanacán le caían a flechazos.
No obstante, a pesar de los riesgos, las tres cuartas partes de la tribu quería emigrar con piedras o sin piedras y era raro el día o la noche que alguien no se despidiera con esa típica frase araucana: "Familia, voy abajo".

|