Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
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Art Nouveau
 

Presentación

De la mano de un importante grupo de maestros de obra catalanes y en los primeros años del siglo XX, hace su entrada en la escena arquitectónica habanera, el art nouveau. Hijo legítimo del que nace en Barcelona y en otras ciudades de Cataluña, se conoció y difundió en Cuba con el nombre de modernismo, y aunque no contó con la aceptación del movimiento original, sus autores lograron expresar con absoluta maestría algunos de sus elementos característicos.

Durante el período que va desde 1906 hasta aproximadamente 1918, se erigió un importante grupo de edificios afiliados al modernismo, diseminados por los municipios Habana Vieja, Centro Habana, La Víbora y el Vedado. Fue el estilo que prefirieron importantes comerciantes españoles para sus sedes o para sus propias residencias y al que se incorporaron muchos artistas que, desde la propia rama de la construcción, en sus pequeños talleres, contribuyeron a la expansión del modernismo en los interiores de la ciudad.

Dentro del conjunto se encuentran excelentes ejemplos, obras en las que se alcanza todo el esplendor del estilo y también otras de menor valía, donde las fórmulas parecen repetirse. En cualquier caso, se trata de edificaciones en las que triunfan el ornato y la línea curva y en las que podemos asistir a la sabia combinación de las artes decorativas aplicadas a la arquitectura.

Y aunque el modernismo llegó hasta los interiores —en algunos de ellos de forma rotunda y con una unidad estilística casi sin precedentes—, el mayor grado de elaboración y realización se alcanzó en las fachadas, en las que se concentró la mayor carga decorativa. En las más representativas pueden admirarse magníficos trabajos de carpintería en puertas y ventanas, atrevidas rejas, balcones curvos, cúpulas con recubrimientos cerámicos, detalles todos con el exquisito sabor del trabajo artesanal.

En los últimos años estos inmuebles han sufrido un intenso proceso de deterioro, como consecuencia directa del cambio de uso que se les ha dado y de la ausencia de mantenimiento periódico. Los daños más palpables han sido la transformación de sus áreas originales y la pérdida parcial o total de sus elementos decorativos. La suciedad se acumula en las fachadas y han desaparecido o amenazan con desaparecer elementos claves del diseño original.

A pesar de ello, estos edificios persisten en mostrar su belleza y recordarnos que están allí, formando parte de esa imagen diversa y heterogénea que hace de La Habana una ciudad llena de misterio, que pide a gritos ser rescatada de las manos del olvido.

 
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