El ensayista y escritor cubano Leonardo Padura Fuentes fue ganador del premio Café Gijón de Novela de 1995 con su novela Mascaras. Obra que junto a Pasado Perfecto y Vientos de Cuaresma, forma parte de la tetralogía Las cuatro estaciones. Recientemente se ha publicado en España Paisaje de otoño, novela con la que el autor cierra esta "tetralogía policial", observación que él mismo prefiere matizar, advirtiendo que sus libros no son novelas policiacas sino más bien falsos policiales.
Padura es un asiduo invitado y animador de la Semana Negra de Gijón, dedicada al género. Como gran conocedor, conversamos sobre aspectos generales del tema en Cuba, del cual su obra es referente fundamental.
¿Qué características definen a la novela policial?
La novela policial es esquemática por excelencia, hay un enfrentamiento entre el bien y el mal un enfrentamiento entre el orden y el desorden, entre la justicia y la injusticia.
¿De qué modo afecta este esquema a la novela policial cubana bajo los desafueros de la política cultural de la revolución en los 70?
En el caso cubano, la mayoría de las veces, el enfrentamiento entre el bien y el mal, era el enfrentamiento entre polos ideológicos bien definidos. De un lado el imperialismo norteamericano, del otro los cuerpos de seguridad cubanos; de un lado la delincuencia, del otro, la policía cubana. Todo se esquematizó en esos segmentos, todos los argumentos estaban ahí. Eso significó — algo que dije desde el periódico Juventud Rebeldey El Caimán Barbudo un agotamiento de la novela policial cubana, diciendo también que había algunas novelas salvables como eran los casos de Daniel Chavarria y Cárdenas Acuñas.
¿En tus novelas hay una propuesta consciente por superar el contenido dogmático de estos esquemas?
El conocimiento de los defectos más evidentes de la novela policial cubana fue lo que me impulsó a escribir una novela policíaca. Cuando empiezo a escribir Pasado Perfecto en el año 90, mi propósito era escribir una novela policíaca cubana que fuera esencialmente cubana. Entonces cree un personaje que rompe el esquema del policía perfecto, del policía de reglamento. Mi policía es de literatura, un policía que quiere ser escritor, y se llama Mario Conde, dicho sea de paso nada tiene que ver con el banquero español. Es un personaje pesimista, un hombre escéptico que se siente denostado, alguien que se emborracha constantemente y para quien el amor y la amistad son lo más importante. Por otro lado traté que mis delincuentes no fueran los delincuentes habituales; no son ni agentes de la CIA, ni el negro de la esquina que se mete a robar por la ventana.
¿En qué cambia la visión del personaje delictivo?
Mis delincuentes son altos funcionarios del gobierno cubano, militantes del partido, personas supuestamente impolutas y de una cierta superestructura. Delincuentes mucho más peligrosos que el negro de la esquina, porque aquellos hacen mucho más daños y roban cosas que le pertenecen no a una persona, sino a todas las personas que viven en Cuba. Que roban incluso en nombre de la Revolución.
¿Es Cierto que tu novela Pasado Perfecto pasó algunos percances a la hora de publicarse en Cuba?.
Bueno yo la mandé al concurso del Ministerio del Interior, sabiendo que no iba ganar y efectivamente no ganó. En ella cuento la historia de un viceministro que comete distintos actos delictivos; y no importa tanto el delito de ese viceministro, sino la forma en que aquel muchacho, presidente de los estudiantes en su preuniversitario, asciende socialmente hasta llegar a ese nivel. Por supuesto es la historia de un oportunista, de un arribista. La solución del jurado fue dejar desierto el premio, porque si no le daban el premio a mi novela no podían dárselo a otra. La novela se publicó primero en México y luego cuando se editó en Cuba, ganó el premio de la crítica a una de las diez mejores novelas de ese año.
¿ Piensas que tus novelas posteriores se inscriben dentro de ese proyecto crítico y reflexivo de la novela policial cubana, iniciado en la primera?
Yo creo que sí. La segunda novela Viento de Cuaresma, es una historia que tiene que ver con un fraude académico y con el mundo de los estudiantes preuniversitarios, donde comienzan a moverse la droga y los favores sexuales. La tercera, Máscaras que ganó el premio "Café Gijón", es una novela que se remite a la historia de la represión cultural de los años 70 en Cuba, especialmente sobre los homosexuales. Es una novela que de alguna manera trata de ser un homenaje a Virgilio Piñera, que sufrió más duramente que nadie esa represión y que luchó con más entereza que nadie, porque a diferencia de otros escritores que se dejaron derrotar, él siguió escribiendo, como había escrito siempre, mejor que nunca y murió en el absoluto ostracismo, pero dejó escrito siete u ocho libros. Es decir que no fue derrotado, a pesar de que fue excluído.
¿De que trata tu última novela publicada en España?
Esta cuarta Paisaje de Otoño es la novela en la que Mario Conde deja la policía. Desde la primera novela se pregunta por qué él es policía y nunca sabe exactamente por qué lo es. Se empeña en realizar su vieja afición de joven, la de ser escritor. Es una novela apocalíptica porque termina con un acontecimiento que puede significar la disolución de su grupo de amigos y luego entra un huracán en La Habana. Un huracán que barre con todo. Es una historia sobre la amistad y sobre la verdad y la mentira.
¿La intención de plasmar las historias a través de un esquema, aunque reflexivo esencialmente, policíaco no convierte tus novelas en otros policíacos más?
Sé que mucha gente de mi generación, incluso muy cercana a mí, piensa que es un error mío escribir novelas policíacas, que siempre van a ser policíacas. Sin embargo mis tres novelas han ganado concursos de literatura. La primera ganó el Premio de la Crítica, la segunda ,el Premio de la Unión Nacional de Artistas de Cuba (UNEAC), ambos en Cuba, y la tercera, el Premio Café Gijón en España. Es decir que las tres ganaron concursos de literatura no concursos de literatura policíaca. Ahora mismo Máscaras ya se publicó en España, Francia, Italia y Suiza Alemania, siempre en colecciones de literatura, no en colecciones policíacas.
¿Quieres decir entonces que no consideras policiacas tus novelas?
Yo le llamo a estas novelas falsos policíacos, porque la historia policíaca es un pretexto para tratar otros intereses míos, que tienen que ver con la sociedad, con la realidad cubana con vida actual en la isla. Creo que de una forma u otra, hacen una reflexión sobre la sociedad cubana desde dentro de ellas mismas. Pienso que he hecho novelas con cierta calidad literaria. No cuentan la clásica historia que narra las aventuras de un investigador que tiene que resolver un misterio, cuentan mucho más que eso. Incluso, dentro de su misma estructura, las historias policíacas están contenidas dentro de otras mayores que la desbordan. La novela comienza con una historia y termina con ella, pero dentro está la historia policiaca.