Aunque Nicolás Guillén reivindicó en un poema su inocencia respecto a las connotaciones eróticas que tiene entre los cubanos ("no es cierto/ que conozca el pecado original./ Cuanto se diga,/ mírenla,/ es pura coincidencia/ (...) Cosas, en fin, de la abstinencia/ (senil o juvenil)/ sexual"), la papaya o fruta bomba, como pudorosamente prefieren llamarla los occidentales de la Isla, se identifica inevitablemente con el sexo femenino. En nuestra literatura y nuestra pintura hay abundantes muestras de ello, y sólo a modo de simple recordatorio menciono aquí los nombres de Virgilio Piñera, Severo Sarduy, Orlando González Esteva, Guillermo Cabrera Infante y Ramón Alejandro. Este último ha explorado el tema de modo recurrente, en una serie de espléndidos dibujos y cuadros en los que descubre el eros oculto en las frutas tropicales.
Muchos de esos motivos concurren en la muestra que actualmente acoge la galería Maxoly.com (810 SW 16th Avenue, Miami, telefax. 305-631.0025), cuyo eje aglutinador es esa pulposa fruta que, al decir del novelista René Vázquez Díaz, "es la más obscena de las delicadezas". Reúne la instalación –es como prefiere llamarla Máximo Sarracino, dueño de la galería– nueve fotografías de Pedro Portal y ropas diseñadas por Pedro Damián. Las fotos a colores de Portal poseen como punto de partida la interrelación entre el cuerpo humano y las frutas, en este caso la fruta bomba (como buen habanero, así prefiere llamarla él). Damián, por su parte, expone gorras, camisetas y sombreros pertenecientes a la línea Papaya Nation, en la cual emplea colores que van del verde al amarillo, y que son representativos de la fruta. Fue Máximo quien tuvo la idea de reunir en un mismo espacio los trabajos de los dos artistas, quienes a pesar de conocerse y haber colaborado alguna vez, trabajan por separado en sus respectivos proyectos.
El nombre escogido por Damián para su línea de diseño nos remite de inmediato a Banana Republic, y en ese sentido tiene mucho de reivindicación. "En los años 50, un congresista norteamericano criticó a los países centroamericanos por ser repúblicas bananeras. A Miami incluso se le aplica ese término, que es sinónimo de subdesarrollo político y cultural. Yo planteo una antítesis de eso, y siempre digo que es mejor ser una nación papayera que una república bananera. La papaya es además mucho más sabrosa que el banano, y también mucho más medicinal".