En pleno corazón de la Pequeña Habana, esa emblemática área del Miami cubano, se ha inaugurado un nuevo espacio cultural que aspira a ofrecer a la comunidad hispana de la ciudad actividades de artes plásticas, teatro, danza y conferencias. Se llama Arting Together, lo dirigen Tony Wagner y Pedro Pablo Peña y hace algunas semanas inauguró su primera temporada.
El montaje seleccionado para ello es La última parada, una puesta en escena que Rolando Moreno creó a partir de la pieza de Tennessee Williams Un tranvía llamado Deseo. Una verdadera audacia, pues se trata de uno de los grandes textos de la dramaturgia norteamericana del siglo XX.
La acción, que en la pieza original se desarrolla en New Orleans los años 40, tiene lugar ahora en Cuba, concretamente en Guantánamo, en 1970. Como telón de fondo, está la que iba a ser la mayor zafra de la historia, un proyecto megalómano para el cual la revolución volcó a todo el pueblo. El personaje de Blanche Dubois ha sido convertido en Laurel, un homosexual cuya estabilidad síquica y existencial es tan frágil como la de aquélla. En el segundo acto descubriremos que fue expulsado de la escuela donde era profesor de Literatura y enviado a aquellos campos de trabajo forzado bautizados de modo eufemístico como Unidades Militares de Ayuda a la Producción.
Tras perder la casa de El Vedado que perteneció a sus padres a causa del escándalo en que se vio envuelto (tuvo relaciones sexuales con un joven de diecisiete años), Laurel ha llegado a casa de su hermana Felicia, quien vive allí con su esposo Francisco, típico ejemplar de macho cubano, que de inmediato se convierte en su antagonista.
En la versión de Moreno, el texto de Williams adquiere una mayor proyección social e ideológica: Laurel representa esa sensibilidad diferente en la cual se ceba la brutal realidad de un régimen que ha decidido extirpar a personas como él. Francisco, que aparece vestido con su uniforme de miliciano y que encarna la nueva moral socialista, sólo viene a darle el tiro de gracia a quien era ya una víctima de la historia cubana más reciente. La colisión de dos filosofías (Realidad versus Poesía) se enriquece así con la nueva lectura que le da a la obra la condición homosexual de Laurel, a quien la sociedad no le perdona el pretender ser diferente. Asimismo su fidelidad a un pasado que la revolución ha decidido borrar de Cuba, lo aliena del presente y lo condena irremediablemente a la marginación.