Una de las conclusiones que se podría sacar después de recorrer la extensa muestra pictórica de la feria Arco 2001, es la solidez de la plástica cubana en el mercado internacional del arte. En este sentido, otra evidencia sería la diversidad de países que acudieron a la cita con obras de artistas cubanos, como señal de las más recientes promociones de pintores isleños en diferentes latitudes.
Es bueno recordar que esta diáspora tuvo, tradicionalmente, dos lugares fundamentales de reunión. Uno, en Estados Unidos —por su volumen quizás el más importante— con sendos epicentros en Miami y Nueva York. El otro, en México, más concentrado en el Distrito Federal. A estos dos lugares ya es necesario e impostergable agregar el de España, donde la presencia se equilibra en los vértices de un triángulo formado por Madrid, Barcelona y Valencia.
Puede decirse que la galería de arte Cuba 513 es una muestra de ello, si tomamos en cuenta que el taller de serigrafía Bernal Estampa Artística, adjunto a ella como parte de un mismo proyecto, ha aglutinado, entre otros, a artistas como Rodolfo Llópiz, Pepe Herrera, Francisco Bernal, Nelson Villalobos y Lissette Matalón. Esto sin contar otros grupos de artistas afincados ya en el entorno español como Armando Mariño, Carlos Quintana, Juan Pablo Ballester, Pedro Álvarez, Lázaro García, Aldo Damián Menéndez, Maite Díaz, Néstor Arenas, Ajubel, Nilo Castillo, Luis Cabrera, Omar Santana y Agustín Valdés, por sólo citar algunos. Esta afluencia ha provocado que la frase “aquí está todo el mundo”, antes casi exclusiva de exposiciones y actividades artísticas de Miami, comience a sonar cada vez más aquí.
Tamiz & Tela agrupa obras gráficas originales de varios autores cubanos y es la segunda exposición de Cuba 513 luego de la muestra colectiva con la que se inauguró la galería a principios de año. Son serigrafías en formato de 65 x 50 cm, cuya técnica de impresión sobre tela —no sobre cartulina, como es habitual— aporta, por un lado, una original textura a las obras, dando a la factura final la apariencia de pinturas sobre lienzo. Por el otro, propicia un proceso de producción serigráfico más ecológico en relación con el serígrafo y también con el medio pues las tintas de impresión son menos agresivas al ser la tela, soporte físico de las obras, un elemento natural. Sin contar que la conservación de las obras —otro de los puntos débiles de la impresión en cartulina— se logra con menores gastos y mayor efectividad.