El grupo Madres por la Libertad, integrado fundamentalmente por madres cubanas, colocó frente del Centro de Detención de Krome (suroeste de Miami) la primera piedra de lo que será un monumento a todas las mujeres que se han sacrificado por sus hijos presos.
El acto contó con la presencia del reverendo presbiteriano Manuel Salabarría, considerado guía espiritual del grupo.
"Estamos aquí para rendir tributo a todas las madres del mundo, especialmente a aquéllas que han luchado por la libertad y los derechos civiles", dijo Ruby Feria, portavoz de la organización femenina.
La iniciativa surgió del grupo de madres que, en 1999, realizaron dos huelgas de hambre para que el Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos (INS) liberara a sus hijos, que permanecían detenidos a pesar de haber cumplido sus condenas. La primera huelga duró 42 días y contó con el apoyo de organizaciones comunitarias de derechos civiles y la mediación de la Arquidiócesis de Miami.
El prolongado ayuno de las madres provocó que la entonces Comisionada de Inmigración, Doris Meissner, se comprometiera a activar la revisión de cientos de casos mediante los llamados paneles de inmigración, tras lo cual muchos de los presos han sido liberados.
"Pensamos hacer un monumento por todas aquellas madres que se enfermaron tras la huelga", indicó el pastor Salabarría.
Martha Berros, una de las líderes del grupo y de la primera huelga, dice haber perdido a su esposo y haber enfermado de los nervios y de una hernia a consecuencia del ayuno.
Unos 2.000 cubanos aún se encuentran retenidos por el INS, a pesar de haber cumplido sus condenas, debido a una ley de 1996 que establece que quienes no son ciudadanos estadounidenses son deportables. Debido a que Cuba y Estados Unidos no tienen acuerdos de extradición, los cubanos presos quedan en un limbo legal, detenidos indefinidamente en cárceles de Estados Unidos a pesar de haber cumplido sus condenas.