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Tormentas de verano
OSMíN MARTíNEZ, Miami Parte 1 / 3

La administración del presidente George W. Bush parece encaminarse hacia su primera gran prueba de fuerza con el Gobierno de La Habana.

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Con la proximidad del verano, las penurias económicas diarias, el aumento de la asfixiante propaganda oficial y la ambigüedad de la política migratoria de Washington hacia la Isla, el número de cubanos que se lanzan al mar tratando de alcanzar las costas de los Estados Unidos, ya sea por medios propios o con la ayuda de traficantes procedentes del sur de la Florida, se está incrementando aceleradamente.

Según el Servicio de Inmigración y Naturalización, en las últimas semanas ha tenido lugar un vertiginoso aumento de las operaciones de contrabando humano desde el archipiélago. Desde el 1ro. de octubre del 2000 –cuando comenzó el presente año fiscal– hasta el 12 de junio, un total de 1.220 personas había arribado ilegalmente a las costas de la Florida. El año fiscal anterior (1999-2000), 1.115 cubanos alcanzaron territorio norteamericano por esa vía y 1.000 fueron interceptados.

Como es habitual, en más de cuatro décadas de tensiones migratorias entre los dos países, el gobernante Fidel Castro llevará las de ganar cualquiera que sea el resultado de una potencial nueva oleada de balseros.

No es de sorprenderse. Para desengaño de quienes esperaban un cambio radical en la política migratoria sobre Cuba, la nueva administración republicana ha caminado sobre los pasos de su predecesora demócrata.

La clasificación de los balseros en inmigrantes de "pies mojados o secos", dependiendo del lugar donde son interceptados por la Guardia Costera es una solución mediocre a un problema de ribetes humanos, políticos y económicos mucho más complejos.

Es incomprensible, por citar un ejemplo, que un cubano detenido en alta mar con buenas razones para solicitar asilo político en los Estados Unidos, pero incapaz de probar su caso en ese mismo instante sea regresado a Cuba tras una breve entrevista y otro, por el mero hecho de pisar suelo firme, pero quizás con sobrados antecedentes penales, sea recibido con los brazos abiertos.

El hecho pasa por la cuestionada Ley de Ajuste Cubano de 1966, que permite a los nacionales de la Isla solicitar la residencia legal en los Estados Unidos después de permanecer en territorio norteamericano por un año y un día, y a la cual ahora el régimen castrista achaca las recientes muertes de balseros en el Estrecho de la Florida.

Esa ley es, sin dudas, un acicate para la inmigración ilegal pero no es la única ni la más importante razón. Sin Ley de Ajuste dominicano, mexicano, haitiano e, incluso, chino, los ciudadanos de esos países también arriesgan sus vidas y perecen en mar y tierra para llegar a suelo estadounidense.

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